Del catalanismo al independentismo: ¿un viaje de ida y vuelta?

Ahora que se acerca de nuevo una Diada fuertemente marcada por el contexto político y el anuncio de la celebración de un referéndum unilateral del que aún no se sabe nada, pero que está previsto para el 1 de octubre, conviene recordar la evolución del independentismo en los últimos años para situar el análisis de lo que sucede en una perspectiva histórica. Para entender el actual independentismo catalán es necesario leer a la socióloga Marina Subirats. La reputada socióloga, en un artículo en la Maleta de Portbou, define el independentismo catalán como una utopía disponible en un momento de incertidumbre política, económica y social provocada por las consecuencias del crac financiero de 2008, y cuyo objetivo es sustituir la ausencia de los grandes relatos ideológicos que han fracasado hasta la fecha. Algo así como un objetivo político realizable alejado de cualquier gran relato teórico o filosófico. Este movimiento político que, aunque no es la opción política mayoritaria para los catalanes si que es la única capaz de materializarse en una mayoría parlamentaria, apareció con la consolidación del catalanismo político durante la II República, pero ha sido en los últimos cinco años cuando ha alcanzado la fuerza que tiene hoy en día.

Históricamente el catalanismo se ha dividido en dos corrientes mayoritarias, una de signo progresista y otra de carácter conservador. Ambas corrientes, existentes desde el inicio del movimiento y representadas por diferentes formaciones políticas, han estado en pugna electoral, política e ideológica a lo largo de los últimos decenios de la historia de Catalunya, desde la Republica a la Transición pasando por la elaboración del Estatut de Autonomia, con el objetivo de hacerse con la hegemonía en el seno del catalanismo. Esta batalla política y cultural ha sido retratada por el ensayista Jordi Amat en su maravilloso El llarg procés, una obra centrada en el análisis del catalanismo político y cultural desde el año 1937 hasta el 2014 y que ilustra perfectamente la evolución de este movimiento político. Sea como fuere, ambas corrientes a lo largo de la historia han defendido mayoritariamente, aunque de diferente forma, un encaje entre Catalunya y el resto de España que respetase la singularidad nacional catalana. Esta dinámica histórica, que comienza a agotarse durante el proceso de reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya, la agresiva campaña de difamación lanzada por un PP en la oposición después del shock de la derrota electoral de 2014 y su tortuosa aprobación en las Cortes, se rompe definitivamente con la sentencia STC 31/2010 con la que el TC elimina y reinterpreta parte del articulado del texto autonómico.

Es después de la sentencia, que provoca una gran manifestación unitaria del catalanismo y de las negativas del gobierno español a negociar un pacto fiscal, cuando el independentismo, es decir, la opción de un Estado independiente como mejor fórmula de encaje para Catalunya, comienza a consolidarse hasta conseguir, después de la histórica y multitudinaria Diada de 2012, ser la opción mayoritaria para los catalanes y la corriente dominante dentro del catalanismo político. Esta crónica de David Ruíz en La Vanguardia sobre el proceso independentista muestra los acontecimientos políticos que han marcado estos últimos años desde la sentencia del Estatut hasta la actualidad. En este momento histórico es cuando el catalanismo, un consenso político transversal a nivel social y de partidos, se rompe entre aquellos que desean un Estado independiente y los que buscan otra formula de encaje en España (federal o bilateral).   

Para mostrar esta transición del catalanismo al independentismo de parte de la ciudadanía catalana echaremos mano a la demoscopia. Este grafico del CEO sobre la evolución en los últimos 11 años de las relaciones Catalunya-España ilustra la transformación de la que hablamos:

Como se puede observar, desde la aprobación del Estatut de Autonomia (2006) el independentismo va incrementando su popularidad barómetro tras barómetro, pero es a partir de 2010, cuando con motivo de la sentencia comienza a dispararse hasta llegar a la Diada de 2012 (barómetro de octubre de 2012), en la que adelanta a las opciones del estatus quo y del Estado Federal. Es en este momento cuando el independentismo se convierte en la opción hegemónica dentro del catalanismo relegando a un segundo plano al federalismo o a cualquier otro tipo de encaje. Y se convierte en hegemónica por que alcanza un grado de transversalidad altísimo en un momento de fuerte crispación y de altísima desafección política provocados por las afrentas del gobierno del PP al autogobierno catalán y la política de recortes impulsada desde Madrid y Barcelona. Para muchos catalanistas, moderados o progresistas, dotarse de un Estado propio con el que disponer de herramientas para gestionar mejor los asuntos políticos, económicos o sociales, era la mejor salida a la crisis económica, social y territorial que se vivía en España en esos momentos. El independentismo se convierte en una utopía de recambio para un gran número de catalanes y catalanas.

Este comportamiento también se puede comprobar analizando otras variables como la satisfacción con el nivel de autogobierno, el grado de catalanidad en la identidad nacional de los catalanes y la pregunta sobre la independencia de Catalunya.

En cuanto a la satisfacción respecto al nivel de autogobierno, como podemos observar en el siguiente gráfico es a partir del proceso de aprobación del Estatut cuando las dos opciones comienzan a diferenciarse con más fuerza siguiendo la trayectoria antes citada para el independentismo: volvemos a encontrar como puntos álgidos la sentencia del TC y la Diada de 2012.

Respecto a la identidad nacional de los catalanes, el CEO ofrece una serie de categorías sobre sentimiento de pertenencia e identificación que sirven para medir el grado de españolidad o catalanidad de los encuestados. En el siguiente gráfico observamos cómo, igual que el modelo de encaje o que la valoración del autogobierno, la opción únicamente catalán/ana (només català/ana) sigue la misma tendencia, subida durante proceso aprobación Estatut y presentencia, alcanza su máximo hasta el momento después de la sentencia 31/2010 (octubre 2010) y se dispara después de la Diada de 2012 con su valor máximo histórico en los siguientes barómetros. Lo mismo ocurre a la opción más catalán que español (més català/ana que espanyol/a). Paralelamente, la opción de la identidad dual (tan català/ana com espanyol/a), la mayoritaria en Catalunya, desciende hasta alcanzar su mínima puntuación en los barómetros que siguen a la Diada de 2012.

Por último, en la variable sobre la independencia de Catalunya podemos observar como la opción favorable a la independencia de Catalunya crece desde diciembre de 2014 hasta octubre de 2015, justo después de las elecciones del 27-S, donde comienza a descender hasta alcanzar su valor más bajo en el barómetro de junio de 2017, con la excepción del pico máximo que consigue en junio de 2016.

No obstante, quien haya estado atento a los gráficos mostrados durante este artículo habrá podido observar una serie de cambios en la tendencia del independentismo en los últimos barómetros de la serie histórica que analizamos. Desde 2015, año de las elecciones plebiscitarias, los barómetros trimestrales del CEO comienzan a mostrar un cierto agotamiento del independentismo que, pese a ser la opción mayoritaria pierde casi 14 puntos respecto a su punto más álgido en noviembre de 2014, justo cuando se celebró el proceso participativo del 9N, en el que tenía 48,5, y en cambio, la opción del estatus quo alcanza su máximo histórico des de la Diada de 2012. Esta tendencia, que también se da en las valoraciones sobre el autogobierno, la identidad nacional o la independencia, supone no solo un freno al crecimiento del independentismo, sino una bajada respecto anteriores estudios. El movimiento no solo no crece, sino que comienza a menguar. En el último barómetro, el de junio de 2017, los partidarios de la independencia están en su número más bajo desde 2011, con un 41,1, mientras que el NO a la independencia, con un 49,4, alcanza uno de sus valores más altos en la serie histórica. La promesa de una independencia rápida y sin costes que anunciaban ciertos sectores del independentismo que no ha llegado, el cierre del movimiento sobre si mismo expulsando a aquellos que han manifestado dudas y una mayor movilización del estatus quo ante la deriva del proceso independentista pueden explicar la bajada de la opción independentista.

Ahora bien, y es siempre necesario recordarlo, el independentismo catalán sigue gozando de buena salud: es la única opción con capacidad de formar una mayoría parlamentaria y de gobernar en cualquiera de sus diferentes fórmulas coalicionales (JxSí, la CUP, ERC o el PDECAT) y, actualmente, es la única que presenta un proyecto coherente, aunque plagado de dificultades técnicas y políticas. Una manera para que deje de ser mayoritario es que alguna otra formación política compita contra él con un proyecto de encaje entre Catalunya y España capaz de aglutinar una mayoría social tan transversal como la que tenía el independentismo en su mejor momento histórico y que ahora parece perder.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.