De Alfonso XIII a Corinna: los problemas de capital de la Corona

Las filtraciones del comisario José Manuel Villarejo de los audios de Corinna Zu Sayn-Wittgenstein relativas a los presuntos manejos financieros del Rey emérito Juan Carlos I han reflejado un aparente intento de chantaje al Estado.

Pero más allá de este importante problema, los supuestos ingresos opacos del antiguo Monarca, unidos al llamado ‘caso Noos’ (que acabó con una condena de su yerno Iñaki Urdangarín y la obligación de la infanta Cristina, su esposa, de devolver de 265.088 euros), remiten a un tema primordial en la familia del Rey: el patrimonial.

Una inquietud que se remonta al reinado de Alfonso XIII

Desde que Alfonso XIII marchó al exilio en 1931 esta cuestión le inquietó, como le sucedió a su heredero don Juan (conde de Barcelona) y al mismo Juan Carlos. Este último explicó al aristócrata José Luis de Vilallonga que en la infancia “el dinero era un tema constante de preocupaciones”. ¿Por qué se produjo esta preocupación recurrente en abuelo, hijo y nieto?

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Alfonso XIII, exiliado en París, administró con cuidado su patrimonio, que Guillermo de Gortázar cifró en 1986 en 13.000 millones de pesetas (más de 78 millones de euros) en Alfonso XIII. Hombre de negocios. El antiguo rey afrontaba tres problemas: sólo tenía un tercio de su fortuna en el extranjero, debía mantener a su familia con estatus regio y tenía los seis hijos para casarse, lo que suponía un gran gasto.

En consecuencia, mantuvo un tren de vida elevado, pero -según su biógrafo Ramón de Franch- “hilaba muy delgado en la rueca de su propia hacienda” y la antigua reina Victoria Eugenia, a pesar de estar separada de Alfonso XIII, le ayudó en la boda de los hijos. Don Juan tuvo la percepción de que su padre “tenía muy poco dinero” y su esposa, María de las Mercedes, afirmó que después de casarse en 1935 vivieron “bastante apretados de dinero” (a pesar de ser los herederos del trono) y debían “casi un año de sueldo” a sus dos sirvientes.

La ignota fortuna de don Juan

En este marco, don Juan vivió más preocupado por la hacienda que su padre. Instalado en Portugal, el mantenimiento en Estoril de su rango de príncipe fue sufragado en parte por círculos de fieles. Así, la familia del marqués de Valdecilla le facilitó la primera residencia portuguesa (Villa Papoila), mientras que la familia Galíndez le cedió el yate El Saltillo y medios aristocráticos hicieron colectas para financiar la intendencia de Juan III.

Vilallonga lo reflejó en sus memorias y expuso que los condes de Barcelona “eran bastante gorrones” y aceptaban invitaciones a restaurantes a los que no volvían. Incluso, en 1963 don Juan dirigió una carta a Franco para decirle que le resultaba prohibitivo el coste de matriculación española de su barco Giralda y le pidió si podía arreglarlo. Como se puede deducir del episodio, la oposición juanista al régimen no fue contundente.

La paradoja de esta situación radicó en que el pretendiente al trono vivió en aquellas condiciones cuando tenía una verdadera fortuna, como consignó el ensayista Juan Balansó en 1986. Él, que había sido un leal monárquico, al leer el citado estudio de Gortázar sobre el capital de Alfonso XIII que habría heredado el conde de Barcelona, se dirigió a un exintendente suyo y le preguntó si la información era cierta, dada la limitación de recursos que imperó en Estoril. Le replicaron que don Juan quiso preservar la fortuna paterna “para situaciones extremas”. Balansó quedó asombrado: “Nunca he entendido qué situación puede ser más extrema, para una dinastía, que el destierro”.

Juan Carlos: ¿Marcado por las estrecheces?

El dinero también habría inquietado Juan Carlos cuando fue un joven príncipe tutelado por Franco, al sufrir un minucioso control de los gastos por parte de El Pardo. Este control abarcaba desde las llamadas de Sofía a Grecia hasta el consumo de coca-colas. En este sentido, el periodista Jaime Peñafiel explicó que cuando firmó su contrato estelar con la revista ¡Hola! le llamó Juan Carlos y ledesconcertó: “Yo creía que era para concederme una entrevista, y mi sorpresa fue que sólo quería saber lo que me iban a pagar. ‘¿Tú sabes lo que gano yo?’, me preguntó don Juan Carlos. Él ganaba 75.000 pesetas [451 euros]… y yo le dije que yo mucho más”.

De hecho, José García Abad, biógrafo del rey, apunta que se ha atribuido la aparente obsesión del Monarca por “hacerse rápidamente con una fortunita” a este ambiente de desasosiego que le rodeó desde pequeño.

El dinero, un tema clave

En definitiva, la familia real ha estado marcada durante tres generaciones por el tema pecuniario. Ahora, sin embargo, esta cuestión puede resultar letal para la Corona. Y es que la opacidad de las finanzas del Rey emérito, a la que ahora se suma el impacto de los audios de su examiga, sus costosas actividades (especialmente cinegéticas, con la expedición a Botswana y la edificación de un pabellón de caza para los trofeos y armas de 3,4 millones de euros) y el caso Nóos han dilapidado el gran capital político alcanzado laboriosamente por el Monarca desde 1975, hoy mucho más preciado que el material.

Este artículo es una versión actualizada del publicado originalmente como Xavier Casals, “La crisi de la Corona: ‘És l’economia, estúpid!’”, Ara(18/01/2014).

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