¿Cuántos y quiénes son los burófobos españoles?

Podríamos denominar burófobas a aquellas personas que, a pesar de haber tenido experiencias positivas con la administración pública y/o los funcionarios, siguen manteniendo una imagen negativa de estos. La burofobia había sido descrita en la literatura científica desde hace tiempo y a ella se hace referencia casi a diario en los medios de países tales como Estados Unidos, Noruega o Japón. En Alemania, ya Max Weber escribiendo en los años de la IGM, se refería textualmente al “San Burocracio”, primo de nuestro “Sambenito”, que tenían que soportar cotidianamente los  trabajadores públicos. En España, siguen apareciendo periódicamente artículos con el larriano título de 1833 “Vuelva usted mañana” en los principales diarios del país (por ejemplo, aquí o aquí). Esta imagen negativa también se ha reproducido en la cultura popular y la iconografía reflejada en cientos de películas y obras literarias clásicas y contemporáneas, españolas y extranjeras (aquí o aquí). Es más, con seguridad muchas reformas administrativas pasadas parecían tener su origen en una cierta burofobia ambiente, esta especie de animadversión a la administración y los funcionarios, que paradójicamente convive en España con un deseo de serlo. Sin embargo, a pesar de su aparente universalidad y de haber dado por hecho su existencia, pocas veces se ha intentado medir de modo fehaciente el alcance de la burofobia o se ha tratado de comprender empíricamente el origen de esta actitud. ¿Somos los españoles realmente burófobos? ¿Cuántos mantienen esta actitud y de qué depende?

Nosotros hemos tratado de cuantificar la burofobia, es decir, saber cuántos ciudadanos tienen una imagen negativa de la administración a pesar de que ellos mismos reconozcan estar satisfechos con los últimos contactos que han tenido con ella o con los funcionarios u otros empleados públicos. También hemos intentado comprender mejor sus causas utilizando datos demoscópicos para el caso español, en concreto, dos encuestas del CIS (los resultados más detallados de este estudio pueden leerse en la revista americana Public Administration Review).

En nuestro país, la burofobia alcanza a algo más del 20 por ciento de la población (mientras la burofilia, es decir, tener una imagen positiva de la administración a pesar de haber sufrido malas experiencias con la misma, no sobrepasa el 6 por ciento). Pero ¿quiénes padecen de burofobia? Como quizá podría intuirse, la burofobia se encuentra con más facilidad entre aquellas personas que se autoubican a la derecha del eje ideológico, así como entre los trabajadores del sector privado y las personas de mediana edad. Sin embargo, no parece estar relacionada con otras variables como el nivel de instrucción alcanzado o el estatus socioeconómico, como quizá pudiera esperarse.

Lo más relevante de nuestro estudio es, sin embargo, que la variable individual que muestra mayor relación con la burofobia es el ser desconfiado hacia otras organizaciones no públicas, como los bancos o las compañías de seguros. De hecho, si usted siente desconfianza hacia estas organizaciones tiene más posibilidades de desconfiar de los funcionarios y de la administración, en concreto un 36 por ciento más de posibilidades.

Hemos de reconocer que nuestros esfuerzos por explicar la burofobia desde un punto de vista territorial han sido hasta cierto punto frustrantes. Claramente hemos encontrado que unas Comunidades Autónomas son más burófobas (sobre todo y por orden de intensidad de la burofobia: Baleares, Cataluña, Madrid, Canarias, Castilla- La Mancha y Extremadura) que otras (especialmente La Rioja, Aragón y Navarra, región ésta donde menos burofobia hemos encontrado). Pero no hemos sido capaces de dar con la razón de por qué en unas Comunidades Autónomas la ciudadanía es más burófoba que en otras a pesar de que hemos tratado de comprobar si la riqueza regional, el mejor rendimiento de los gobiernos (en términos de prevención de la criminalidad, la pobreza o el desempleo, entre otras), el grado de homogeneidad de la población en términos socioeconómicos y de su origen geográfico e incluso el capital social regional, podían afectar a la burofobia. No sabemos si es que las variables que hemos utilizado no explican el fenómeno o simplemente que nuestros datos no son suficientes desde un punto de vista estadístico. Por tanto creemos que queda un terreno fructífero por investigar.

Uno de los aspectos más interesantes de nuestro estudio es que demuestra que las actitudes negativas hacia la administración pública y/o los funcionarios no están siempre relacionadas con el mal funcionamiento de los servicios puesto que, tal y como hemos definido el fenómeno, los burófobos son aquellos que tienen una imagen negativa de la administración a pesar estar satisfechos con su funcionamiento. Nuestros resultados indican que, aunque en nuestro país existe una cantidad no despreciable de burófobos, no se trata de una actitud prevalente. Tampoco parece una actitud basada en la naturaleza pública de las organizaciones, puesto que los burófobos tienden a desconfiar también de otras organizaciones del sector privado. Es incluso posible que ser burófobo, es decir, tener esta imagen negativa de la administración y los funcionarios, sea, al menos en parte, una cuestión de personalidad, como ser una persona desconfiada.

No hemos abordado aún el estudio sobre las consecuencias de la burofobia. Sin embargo, sabemos gracias a algunos análisis internacionales que quienes tienen una imagen más negativa de la administración son también más reticentes a pagar impuestos, a participar en procesos selectivos en la administración y están más insatisfechos con la democracia. En los últimos años no ha sido infrecuente encontrar políticos que, para justificar que las políticas no funcionan como debieran, utilizaban como chivo expiatorio de todos los males a la administración y a los funcionarios. Estos discursos pueden ser eficaces en el corto plazo por conectar con la burofobia de parte de la sociedad. A largo plazo contribuyen a generar un ambiente de sospecha y hostilidad en contra de la administración que solo puede perjudicar el buen funcionamiento de nuestras instituciones.

Este artículo también lo han escrito Inés Calzada y José M. Díaz-Pulido

Autoría

1 Comentario

  1. JULIO PONCE SOLÉ
    JULIO PONCE SOLÉ 06-19-2016

    Muy interesante artículo, felicidades.

    Quizás también tuviera interés en el futuro estudiar mayores series temporales y ver si hay correlación entre picos de preocupación ciudadana por la corrupción y la burofobia…

    Felicidades por la publicación.

    Atentamente,

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