Cortejar al equidistante… y no morir en el intento

Es habitual estos días escuchar a analistas afirmar que Cataluña se ha polarizado, y a resultas de ello han surgido dos bloques que se disputan la hegemonía electoral. Cuelgan banderas unos, responden otros. Salen a la calle unos a favor de la República, el fin del 155, y la libertad de los presos. Corean otros “Puigdemont a prisión” y reclaman terminar el Procés. Pero lo cierto es que, como han señalado algunos politólogos,  en Cataluña no hay dos, sino más bien tres bloques.

En las últimas semanas podemos delimitar esos bloques, con fines exploratorios, a partir de dos indicadores de la encuesta de GESOP de noviembre para EL Periódico: 1) Sentirse o no independentista y 2) considerar proporcionada o desproporcionada la intervención de la Generalitat por el Gobierno central.

Cruzar estos dos ejes dibuja cuatro espacios. Uno de ellos (ser independentista y considerar la intervención de la Generalitat por el Gobierno proporcionada) está, por razones lógicas, prácticamente despoblado, aunque de todo hay en la viña del señor (2,4%). Los tres bloques restantes son los independentistas que rechazan la intervención (38,4%), los no independentistas que la ven proporcionada (26,4%) y los no independentistas que no la ven proporcionada (24,3%).

Los bloques tienen claro anclaje en el sistema de partidos, pero de forma asimétrica. El porcentaje de votantes independentistas que tienen intención directa de votar partidos fuera de la órbita independentista es insignificante. El 77,2% de posibles votantes que se declaran independentistas  y ven la intervención del 155 desproporcionada están decididos a votar a ERC, JxCat o CUP. En el bloque constitucionalista hay también tres partidos que cosechan casi todo el voto: PP, Ciudadanos y PSC. Entre los tres obtienen el 69% del voto posible, aunque posiblemente la reticencia de muchos encuestados a reconocer que votan PP o Ciudadados en los sondeos obliga a inflar estas cifras.

El verdadero campo de batalla electoral es el tercer bloque. Allí PSC y Catalunya en Comú Podem (CeCP) tienen ventaja. Ambosechan el 17% de los votos cada uno, pero otros partidos también reciben apoyo (7,7% Ciudadanos, 6,2% JxCat, 8,2% ERC). El nivel de indecisión en este grupo es mucho mayor que en otros bloques (25,3%), y muchos no contestan cuál es su intención de voto (8,8%). En este espacio se halla, con mucha diferencia, la bolsa más grande de votos disputables. Contando los que declaran que no saben qué van a votar o no contestan a la encuesta son cerca de 450.000 posibles votos.

Los miembros del tercer bloque son los vilipendiados equidistantes. No tienen sentimiento independentista pero comparten con independentistas algunas opiniones. Así, aparte de considerar desproporcionado el 155, se muestran muy mayoritariamente en contra de la destitución del gobierno de la Generalitat (78,9%) o de la detención de los Consellers (85,6%).

De hecho, uno de cada cinco declara haber votado opciones independentistas (JxSi o CUP)  en 2015. Se trata de un volumen significativamente más alto que los que ahora muestran voto probable (Intención directa de voto+simpatía) a opciones independentistas: 17,5%. En cambio el voto probable al PSC en el tercer bloque (22,7%) supera al que recuerda haberle votado en 2015 (20,5%). Lo mismo sucede con CeCP, 21,1% de voto probable, 16,5% de recuerdo de voto. Es decir, tanto socialistas como comunes parecen haber realizado avances dentro del tercer bloque.

Desde un punto de vista identitario, se trata de un bloque alejado del independentismo. Un 4,6% se declara únicamente catalán (frente al 56,4% del bloque independentista), y un 20,6% más catalán que español (36,8% en el bloque independentista). En realidad, su perfil sociodemográfico (sexo, edad, lugar de nacimiento, estudios) se mimetiza con el del conjunto del país. Mayoritariamente utilizan habitualmente el castellano o las dos lenguas.

   El PSC parece haber entendido que los votantes del tercer bloque son terreno propicio para avanzar. Su campaña está decididamente encaminada a intentar arrancar votos en este espacio. El riesgo, obviamente, es que de tanto cortejar a los equidistantes pueda desenganchar a constitucionalistas suspicaces. La última encuesta del CIS (en consonancia con el barómetro de noviembre de GESOP) sugiere que éste no es un problema serio. Pierde antiguos votantes a favor de Ciudadanos, pero arranca un volumen incluso mayor de antiguos votantes del partido naranja. 

CeCP parece más interesada en retener los apoyos que obtuvo en 2015 en el bloque independentista (11% según recuerdo de voto), mermado ahora en el voto probable (3,3%). Parece una estrategia arriesgada, pero que puede rendir fruto si la campaña gira en torno al 155 y los procesos judiciales. En todo caso harían bien en tomarse muy en serio un consejo: no defraudar al equidistante.

Autoría

Patrocinado por:

3 Comentarios

  1. Luis Moreno Fernández
    Luis Moreno Fernández 12-10-2017

    Estupenda disección,

  2. Carlos López
    Carlos López 12-13-2017

    Suena muy verosímil el análisis. Gracias.
    Sólo una cosilla sobre el “equidistancia”. No es lo mismo no reconocer el prejuicio nacionalista (esencialmente supremacista) que apoyarlo. Y entiendo que el equidistante sería quien, reconociendo el prejuicio, sitúa al mismo nivel a quien lo promociona y a quien lo denuncia.

    Creo que se entiende mejor si lo ejemplificamos con un prejuicio como el machismo, frente al que hay una valoración compartida, un rechazo general. No es lo mismo no reconocer algunas facetas machistas o no querer que una campaña se centre en el machismo que situar al mismo nivel la agresión machista que la reacción frente a ella. Esto último sería la equidistancia.
    Naciomachismo http://pajobvios.blogspot.fr/2017/11/naciomachismo.html

    Yo no creo que todo el que no sea nacionalista o constitucionalista sea equidistante, ni mucho menos. De hecho, creo que por ahí va el gran reto de PSC o Podemos. Conseguir separarse del discurso nacionalista y antinacionalistas, sin caer en la equidistancia.

  3. Sergi Font i Fàbregas
    Sergi Font i Fàbregas 02-26-2018

    Me ha parecido una buena disección. pero dentro de estos “equidistantes”, hay una buena parte que somos partidarios del respeto a la cultura y a las instituciones catalanas, que como indica el articulo, consideramos desproporcionado el art 155 y más aún la detención de Consellers y la judicialización de las diferencias políticas, es decir que estaríamos dentro del primer bloque, pero que a la vez no consideramos que el primer problema del país sea el derecho a decidir, los catalanes tenemos derecho a un referéndum como nación histórica, pero no necesariamente ha de ser el centro y único debate de nuestro día a día, nos preocupa que el país funcione en todos los sentidos, que vengan (y no marchen!) empresas, que haya fondos para estudios, pensiones o ayudas sociales y otros, y estamos dispuestos a esperar o pactar soluciones: Yo creo que los de este grupo, criticamos la represión con la que el Estado trata nuestra desafección e incluso como distorsiona nuestra imagen en el resto del país, y a la vez llamamos al dialogo a los representantes de los nuestros ¿no es mejor un pacto fiscal pactado que un referéndum no reconocido? y ¿no es mejor para España una Catalunya que la lidera en muchas facetas, que una Catalunya que se siente maltratada?

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.