¿Consumimos solamente noticias acordes a nuestras opiniones?

El ex presidente de Estados Unidos Barack Obama fue la primera estrella invitada al nuevo show de David Letterman para Netflix. Ya retirado de la primera línea política, Obama mostraba en ese programa su preocupación por que “los ciudadanos viven inmersos en realidades totalmente paralelas”. No era la primera vez que lo hacía. Pero desde que Donald Trump asumió la Presidencia en ese país, sus palabras sonaban más severas. “Los ciudadanos habitan cámaras de eco –aseguraba en tono serio– en las que se amplifican sus propias creencias políticas”. El ex presidente y ahora activista que moviliza líderes sociales para mejorar el mundo se refería así a la creciente polarización de la ciudadanía. Y también, a una de las causas –o consecuencias– de esta polarización: el consumo de información política con el fin, únicamente, de reafirmar opiniones preexistentes.

Líderes políticos y, sobre todo, periodistas y algunos analistas habituales en la prensa han contribuido a popularizar el concepto de las cámaras de eco. En 2001, Cass Sunstein, profesor de la Harvard Law School, lo acuñaba en su libro Republic.com. Allí, avanzaba los efectos negativos que Internet tendría sobre las democracias. “Los ciudadanos perderán la capacidad de comprender a quienes no piensan como ellos, a causa de la falta de espacios informativos comunes”, decía Sunstein. Ahora, en una versión actualizada de esta teoría, Sunstein sostiene en su nuevo libro que las plataformas de medios sociales –en adelante, redes sociales– son también fuente de polarización para las democracias contemporáneas. Argumenta en estos dos trabajos, libros seminales para los investigadores en comunicación política, que la actual polarización se explica, en parte, por las cámaras de eco que crean Internet y las redes sociales. Allí, los ciudadanos sólo consumen –según los partidarios de esta teoría– información alineada con sus opiniones políticas.

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Me preguntaba recientemente Mathew Taylor, ex asesor del ex primer ministro británico Tony Blair y ahora voz de referencia en el análisis político en este país, qué hay de cierto en esto de las cámaras de eco. Y yo le respondía: “La evidencia que apoya esta teoría es escasa”. En otras palabras, la mayoría de investigadores en comunicación política coincidimos, basándonos en nuestros trabajos empíricos, que el consumo de información política en Internet, y también en redes sociales, es mucho más diverso de lo que Sunstein teoriza y el ex presidente Obama teme.

Entonces, ¿cómo consumimos información en Internet? El último Digital News Report (DNR) del Reuters Institute for the Study of Journalism es la mejor referencia para responder rápidamente a esta pregunta a nivel comparado (incluye 37 países). Además, los datos longitudinales que tenemos, gracias a una encuesta anual a 74.000 personas, permiten ver cómo han cambiado estos patrones a lo largo del tiempo. La última encuesta, la de 2018, nos indica que, por primera vez, cae el uso de las redes sociales para consumir noticias. La caída se produjo antes de que Facebook cambiara su algoritmo para reducir la importancia de las noticias en los muros de sus usuarios.

A este cambio, muy significativo después de años de crecimiento de las redes sociales para este menester, se une otra novedad no menos importante: cada vez más personas deciden leer y discutir noticias a través de aplicaciones móviles de mensajería como WhatsApp o Telegram. En otras palabras, cada vez más personas prefieren hacer un consumo privado de noticias en canales cerrados que incluyen a un grupo limitado de personas en lugar de compartir sus preferencias públicamente y discutir sobre esos contenidos en los muros de sus redes sociales. Ello indica que la privacidad es un factor de creciente importancia, especialmente entre los jóvenes. En España, este año ha crecido un 4% el porcentaje de personas que usan WhatsApp para consumir noticias respecto al 2017, uno de los incrementos más altos en Europa junto a Turquía. Ambos países son también líderes en el uso de esta aplicación para compartir y discutir noticias, con un 36% y un 30%, respectivamente.

Difícilmente podemos estudiar las noticias reales que leen o discuten los ciudadanos dentro las aplicaciones móviles de mensajería, puesto que son espacios privados. El uso de encuestas aproximaría ese consumo en WhatsApp y otras aplicaciones, pero los resultados estarían siempre limitados por la capacidad de recuerdo del entrevistado. La memoria se ve más afectada (negativamente, claro) cuando el acceso a noticias se realiza a través de plataformas de distribución, en lugar de los propios portales de los medios de comunicación. Por ello, no sabemos si en las aplicaciones de mensajería existen cámaras de eco,  porque todavía no hemos logrado estudiarlo.

Ahora bien, sí podemos estudiar, y lo hemos hecho, qué fuentes de noticias usan los ciudadanos en Internet y también en redes sociales. Un 56% de los encuestados en el DNR las consumen noticias en la Red ya sea a través de tráfico directo –escribiendo la dirección del medio en el navegador– o indirecto –a través de buscadores. E Internet, incluyendo las redes sociales, ha sobrepasado a la televisión como primera fuente de acceso a las noticias en la mayoría de los países estudiados, sin que en ambos parezcan reproducirse las cámaras de eco.

Usando datos de navegación que los usuarios comparten con nosotros –únicamente para fines de investigación– y también datos obtenidos a través de las denominadas APIs –puertas de acceso a datos de navegación– hemos identificado qué tipo de dietas informativas predominan en Internet y en redes sociales, y son mucho más diversas que las que los teóricos de las cámaras de eco asumen en sus postulados: lejos de dibujar un escenario de grupos aislados de audiencia donde todos piensan igual, apuntan a una situación de ‘consumo cruzado’ –como lo denominamos en comunicación política– de información de ideología diversa.

No parece que el incremento de fuentes de información en Internet y la capacidad para personalizar esa información que ofrecen las redes sociales estén aislando a los ciudadanos de ideas que pueden contradecir sus opiniones preestablecidas. La evidencia es extensa en este campo. En realidad, Internet estaría acercando a los ciudadanos a realidades distintas y opiniones diversas más frecuentemente de lo que pensamos. Investigadores como Diana Mutz sugieren que las redes personales en el mundo físico (es decir, los encuentros y conversaciones con amigos y también con la familia) son un mecanismo más favorecedor de las cámaras de eco que el consumo de noticias.

Probablemente, deberíamos evitar las ‘cámaras de eco’ al hablar de las ‘cámaras de eco’, como ya se ha sugerido en el campo de la investigación empírica en comunicación política.

 

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