Con Sartori, a hombros de gigante

Con la muerte de Giovanni Sartori desaparece  uno de los últimos grandes  autores de la ciencia política del siglo XX.   El prolífico autor, nacido en Florencia en 1924,  fue testigo de los principales acontecimientos del siglo corto,  y a lo largo de toda su trayectoria trató de proporcionar instrumentos para analizarlos contribuyendo como pocos a la maduración y al desarrollo de la ciencia política.   Ciertamente,  también fue muy crítico con la evolución de la disciplina, denunciando lo que consideraba un exceso de “americanización” y que en su opinión no llevaba a ningún sitio,  un punto  de vista  ampliamente rebatido, por ejemplo,  desde las propias páginas de la Revista Española de Ciencia Política.

Sus principales objetos de estudio  fueron precisamente dos de los fenómenos más importantes del siglo XX, la democracia y los partidos políticos,  hoy ambos muy discutidos, en buena medida, no está de más recordar,  por olvidar sus enseñanzas.  En su imprescindible Teoría de la Democracia diseccionó dicho concepto con los objetivos de evitar ese mal moderno consistente,  en sus propias palabras, en  “construir conceptos a voluntad” y “esa intrépida forma de pensar según la cual las palabras poseen significados arbitrarios”.   Pero ese mal que Sartori aspiraba a combatir,  no solo no se ha reducido sino que en los últimos tiempos se  ha incrementado, razón por la cual, algunos políticos,  y también desgraciadamente  algunos científicos sociales que  usan el concepto de democracia a su antojo harían bien en recuperar a Sartori  y empezar a usarlo honestamente.

En Partidos y Sistemas de Partidos abordó esos controvertidos objetos que resultan imprescindibles para la  democracia representativa.   Explicó las razones del  surgimiento de los partidos, los objetivos que persiguen y sus funciones. Y sobretodo, sentó las bases para el estudio de los sistemas de partidos, clasificándolos y creando categorías  que se han convertido en lugares comunes y en referencias imprescindibles para todos los estudiosos.   La lástima es que el segundo volumen de la obra nunca viera la luz. Quizás ahora,  tras su muerte,  quien robó el manuscrito decida devolverlo si es que aún se conserva.

Sin embargo Sartori no solo fue un prominente profesor y un investigador eminente.   Algunas de sus obras como Homo Videns y La Sociedad Multiétnica, trabajos en los que abordó fenómenos recientes de las sociedades modernas  tuvieron un gran impacto superando el ámbito estrictamente académico. En la primera advirtió de los riesgos de que podía comportar  televisión,  la primacía de la imagen,  para la formación de juicios políticos y  en consecuencia para la propia  democracia. En la segunda, una de sus obras más polémicas, abordó los riesgos que puede entrañar la inmigración masiva para la supervivencia de sociedades abiertas como la occidental,  defendiendo una posición bastante alejada de los estándares de la corrección política imperante.

Pero Sartori no solo aspiraba a producir conocimiento científico sino también a  este conocimiento pudiese ser útil para la sociedad. Esa vocación por la aplicabilidad de la ciencias sociales quedó bien patente en su Ingeniería Constitucional Comparada por medio de la cual trató de explicar que las constituciones, que son ante todo “procedimientos cuya intención es la de asegurar el ejercicio controlado del poder”,   se parecen a las máquinas.  Y en tanto que máquinas las constituciones deben funcionar y producir algo y si no lo hacen es porque no disponen de un sistema de incentivos adecuado. Descubrir el sistema de incentivos es la tarea del científico social y se asemeja a la ingeniería.   Sin embargo  la cuestión  verdaderamente importante,  saber qué es necesario cambiar  y cómo hacerlo,  como él mismo afirmó,  acostumbra a no tener respuesta. 

Sartori no solo quiso elevar la talla de las ciencias sociales, particularmente de la ciencia política y que estas tuviesen impacto,  sino quiso influir en la política italiana.  Y trató de hacerlo escribiendo regularmente en el Corriere Della Sera y apareciendo regularmente en distintos medios de comunicación donde daba a conocer sus fundados puntos de vista, sobretodo respecto a  reformas institucionales.

El otro florentino, como  se ha referido a él el profesor Vallespín, fue un maestro de la ciencia política, incluso un maestro de maestros y un defensor de hacer salir a la academia de  su torre de marfil.  Es sobretodo desde estas última perspectivas que un espacio como Agenda Pública,  que pretende divulgar,  demostrar el valor aplicado de las ciencias sociales e incidir en el debate público,  que no  se puede dejar de rendir un sentido homenaje a alguien como Sartori que no sólo inspira sino que hace sentir como enano a hombros de gigante.

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