Con el nuevo gobierno, Rajoy le gana el paso a la oposición

Tras meses de zozobra e incertidumbre política, las aguas vuelven a su cauce aparente. No podía haber más contraste entre las enormes expectativas generadas por el realineamiento político y electoral de los últimos tres años y la fotografía del nuevo Consejo de Ministros tras la toma de posesión de sus miembros. Por si quedaban dudas, esta semana hemos podido comprobar la diferencia entre gobernar y estar en la oposición: mientras las nuevos ministros recogían sus carteras y preparaban la cascada de nombramientos de altos cargos que deberán aprobarse en las próximas semanas, los partidos en la oposición seguían gastando sus energías en resolver controversias y problemas internos. Con matices, esa será la tónica de los próximos meses.

La nueva etapa mantiene la estabilidad en el equipo de gobierno que acompañó a Rajoy a lo largo de la tumultuosa legislatura anterior. Un período muy difícil y complicado, que dejó poco margen para experimentos. Recordemos que en estos cuatro años, Rajoy fue el primer presidente en no realizar ninguna remodelación ministerial durante todo el mandato, algo que solo ha ocurrido excepcionalmente en algunas legislaturas autonómicas. Podríamos decir que la estrategia de Rajoy para renovar su gabinete ha sido ir dejando que los ministros le dimitieran, para promocionarse o para salir por la puerta de atrás. Y con ello ha sacado provecho de su posición gubernamental para ir despejando el partido de adversarios, mientras estos se batían (algunos incluso se hundían) en los enfangados campos de batalla autonómica y municipal.

Los analistas han señalado el continuismo y el perfil político bajo del nuevo gobierno. Lo primero no debería sorprender, porque los jefes de gobierno suelen mantener lo que funciona y renovar lo que no. Y a la vista de los cambios, quizá debamos concluir que el equipo de gobierno de Rajoy ha funcionado bien en términos generales, porque se mantienen sus columnas principales.

En cambio, no son tan claras las dudas sobre el componente político del nuevo equipo. Una observación del expertise acumulado por los ministros y sus trayectorias previas nos muestra que Rajoy, al igual que su predecesor Rodríguez Zapatero, ha priorizado el valor político por encima de las cuestiones técnicas. El resultado es un nivel de especialización y de expertise moderadamente bajo entre los ministros, que apenas alcanza la mitad del gabinete, como muestra el Gráfico 1. Una modesta formación en cuestiones económicas (para uno de cada tres miembros), que en algunos casos se completa con experiencia de gestión pública o en el ámbito privado.

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Fuente: Los Ministros en la España democrática (2011), actualizado.

Suele suceder, y en este caso no es una excepción, que a medida que pasa el tiempo los presidentes españoles recurren más a ex alto cargos en detrimento de la experiencia parlamentaria. Esta es especialmente débil en España (si comparamos con otros gobiernos parlamentarios europeos), debido a la importancia que ha adquirido la experiencia política en otros niveles subestatales (ver Gráfico 2).

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Fuente: Los Ministros en la España democrática (2011), actualizado.

Con estos mimbres, el Presidente trata de asegurar la dirección de las zonas sensibles (política económica y financiera, y posición en Europa) dejando el resto de áreas para foguear nuevos políticos, pagar favores y mantener equilibrios internos de partido. No cabe esperar grandes innovaciones en materia de políticas públicas. Por el contrario, mientras que los partidos de la oposición van a encontrarse con un talante más dialogante respecto a la anterior legislatura, la decisión última en cualquier negociación va a depender del ‘núcleo ministerial’ que hasta ahora venía marcando el paso del gobierno. Sea la cuestión catalana o cualquier iniciativa social apoyada por la oposición, deberán superar el visto bueno de la vicepresidenta y Montoro. No se permitirán frivolidades ni ingenuidades. Está por ver cómo responde la oposición, en la que predominan los nuevos diputados, a menudo más fajados en la estilística tuitera que el dominio de la contabilidad presupuestaria.

En ese sentido, es interesante observar cómo Rajoy, al igual que Aznar, ha seguido apostando por combinar ministros con experiencia política en varios niveles de gobierno. Uno de cada cuatro ministros de esta legislatura ya ha pasado por tres niveles institucionales o más (si distinguimos entre altos cargos, Cortes, arena autonómica, municipal o europea). Incluso los perfiles más técnicos cuentan con experiencia gubernamental o parlamentaria previa (Gráfico 3). En este sentido, la etapa de Rajoy puede considerarse la de mayor calado político de todos los ejecutivos, a pesar de que no se hayan incluido necesariamente pesos pesados del partido.

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Fuente: Los Ministros en la España democrática (2011), actualizado.

Esto responde a la voluntad de Rajoy de separar partido y gobierno (algo que desafía la presencia de Cospedal si mantuviera la secretaría general del partido). Y también tiene que ver con el rendimiento que el PP ha sabido sacar d la política multinivel en España para ir renovando sus elites dirigentes. Mientras que la dirección nacional del PSOE ha solido estar condicionada –especialmente cuando estaba fuera del gobierno- por las disputas entre jefes territoriales, que a menudo han tratado de dirigir el partido desde sus feudos autonómicos, las carreras políticas de los líderes del PP han sido mucho más transversales, transitando por niveles de gobierno distintos según la conveniencia política.

Esta dinámica se refleja también en el gabinete de Rajoy: al igual que con Aznar, predomina el perfil territorial de sus ministros (gráfico 4), que se han movido por distintos niveles y tareas (combinando experiencia de representación y gobernación en niveles diversos), frente a perfiles más tradicionales, como los parlamentarios (aquellos que han sido principalmente diputados nacionales)  o los ejecutivos (experiencia centrada en altos cargos del gobierno).   

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Fuente: Los Ministros en la España democrática (2011), actualizado.

Esto no nos informa solamente de lo que han sido estos ministros, sino también de lo que pueden ser. Una de las claves principales del nuevo gobierno de Rajoy es que puede convertirse en un período de preparación y calentamiento para el próximo ciclo electoral de 2019. Para entonces una buena parte del ejecutivo podría estar en condiciones de convertirse en candidatos autonómicos que traten de recuperar autonomías en manos del PSOE o renovar sus liderazgos regionales. Incluso, las sucesión de Rajoy podría tener nuevos candidatos a sucederle dentro del ejecutivo. Cuando llegue el próximo ciclo electoral, bien podría ser que el PP fuera el partido más renovado entre sus elites.

Por ello llama la atención una de las principales lagunas en la dimensión representativa de este gobierno: la (no) presencia mediterránea. Este es el gobierno de la democracia con menos ministros de los territorios que podríamos denominar (al modo maragalliano, y si nadie se molesta) la antigua Corona de Aragón (Gráfico 5): de hecho, solamente hay una, Dolors Montserrat, que es ya una amenaza para las pretensiones de Xavier García Albiol de dirigir el PP catalán. Esa ausencia no es casual, y demuestra cuál es todavía el flanco infligido al partido por la corrupción interna en algunas de sus organizaciones regionales más importantes.

Para entender cómo tratará Rajoy de afrontar ese problema, habrá que esperar a que complete su estrategia de nombramientos, designando a la dirección del grupo parlamentario y la cúpula del partido en el próximo congreso nacional.

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Fuente: Los Ministros en la España democrática (2011), actualizado. El indicador de nacimiento para identificar origen territorial posee muchos problemas pero permite reflejar, de forma aproximada, la geografía ministerial de los gobiernos. Resulta útil leerlo en combinación con otros indicadores (estudios, residencia, lugar de elección).

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