Compromís y Podemos ¿y ahora qué?

En las pasadas elecciones la coalición Compromís-Podem-És el moment, obtuvo un total de 673.549 votos, 9 diputados y superó en votos y escaños al PSPV. Pese a las dudas y dificultades iniciales, la confluencia sirvió para unir y movilizar a unos votantes ideológicamente afines. Es más, este y otros procesos de confluencia estuvieron en la base de la remontada de Podemos, lo que fue decisivo en la recta final de campaña. Esto plantea interesantes preguntas sobre la relación entre ambas formaciones que, con ciertas salvedades, pueden extenderse al resto de confluencias. 

La otra cara del éxito electoral y sus dilemas

Paradójicamente, la misma afinidad ideológica que constituyó uno de los pilares de su éxito electoral es uno de los grandes factores de inestabilidad futura entre Compromís y Podemos. Dos formaciones políticas pescando en los mismos caladeros ideológicos tenderán a verse como futuros competidores electorales, lo que (ha complicado y) complicará toda estrategia de cooperación entre ellos mientras se de prioridad a la dimensión electoral.

En términos electorales, la manera más fácil de crecer es mirar hacia la izquierda. IU obtuvo en la Comunidad unos 100.000 que podrían ser objeto de disputa entre ambas formaciones en el futuro más inmediato. Mucho más improbable es que asistamos a una especialización de funciones: Podemos girando hacia la izquierda para quedarse con los votos de IU y Compromís aprovechando la experiencia gubernamental para girar hacia el centro y erosionar al PSPV. Obviamente, de cara al futuro la mejor estrategia pasaría por buscar nuevas formulas de cooperación electoral conjunta: esto les evitaría tener que disputarse el flanco izquierdo y concentrar sus esfuerzos en erosionar al PSPV para ser la primera fuerza política de la Comunidad.

Las complicaciones organizativas y sus escenarios

Las posibles fórmulas de cooperación entre Compromís y Podemos más allá del ámbito electoral son el quid de la cuestión. Ni siquiera la formación de un grupo parlamentario estrictamente limitado a la confluencia valenciana en el Congreso hubiese acallado este tipo de debates. Porque ello está vinculado a lo que parece ser un muy giro substancial en la estrategia política y organizativa de Podemos después del éxito de las elecciones locales y autonómicas. Así las cosas, hay (entre otros) dos posibles escenarios a considerar:

Es el punto de partida. Este escenario supone que ambas formaciones van a seguir desarrollándose de modo independiente más allá de que a corto o medio plazo impulsen fórmulas de entendimiento y colaboración electoral, parlamentaria y, eventualmente, gubernamental. Este parece ser el escenario compartido por la actual dirección de Compromís que no quiere ser percibida como la variante valenciana de Podemos. De ahí sus esfuerzos de diferenciación en el Congreso y, también de limitar la colaboración al ámbito electoral-parlamentario. De ahí también la insistencia de la dirección del Bloc Nacionalista Valencià en reforzar no sólo la identidad diferenciada de Compromís, sino una mayor integración organizativa entre sus distintos componentes. Si embargo, es previsible que los socios minoritarios (siguiendo el ejemplo de CiU) traten de frenar una mayor integración organizativa.  Mientras Oltra siga de líder el status quo les favorece.

Aunque esta es una vía poco explorada, cabría esperar que Compromís aprovechase su nuevo estatus en el Congreso para jugar un papel de mediador e incluso de “king maker” en la política española. Dado el fallo táctico del PSPV, Compromís podría buscar formulas de acercamiento para facilitar la Vía Valenciana. ¿Quién mejor que el nacionalismo valenciano de izquierdas para articular un pacto de las otras confluencias, Podemos y los nacionalistas periféricos con el PSOE? Una mayor proyección en la política española compensaría con creces la falta de un grupo propio.

¿Estratarquía?

Los próximos meses servirán para ver la profundidad del ya mencionado giro político-organizativo de Podemos. En este contexto, es posible plantear un escenario más remoto pero no por ello descabellado a más largo plazo. La estratarquía supondría una alianza entre Compromís y Podemos sobre unas bases substancialmente diferentes a la anterior: Podemos renunciaría de facto a tener presencia política diferenciada en la política autonómica valenciana y Compromís haría lo mismo a nivel nacional. Compromís sería la variante valenciana de Podemos, pero sus potenciales problemas de identidad quedarían resueltos porque éstos últimos renunciarían a existir en la Comunidad. Los debates sobre el grupo propio en el Congreso tampoco tendrían sentido.

En España hay ya varios precedentes de estas fórmulas de colaboración en Cataluña y Navarra que, como en el caso de ICV-IU, no necesariamente suponen la desaparición de estructuras previamente creadas. En cualquier caso, la variedad de formulas posible es amplísima.

La principal ventaja de estos modelos reside en que eliminan de raíz los problemas derivados de la coexistencia y potencial competición electoral en un mismo nivel. Esto situaría a Compromís-Podemos en una posición electoralmente muy privilegiada para disputar la presidencia de la Generalitat Valenciana en 2019. Sin embargo, no es fácil que lleguen a acordarse por la inercia y resistencia al cambio de las organizaciones pre-existentes. También es cierto que este tipo de alianzas no siempre han funcionado cuando ha habido problemas de congruencia típicos de sistemas multi-nivel como el español. 

En este artículo también ha participado Vicent Herrero

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