Ciudadanos de Catalunya

Hace días, José Antonio Zarzalejos publicó un agudo artículo en el que se hacía eco de otra pieza en la cual su autor planteaba la siguiente pregunta, que parece interesante recobrar a la luz de las elecciones del 21D: ¿Qué diablos le pasa a Albert Rivera? En sendos artículos se argumentaban dos respuestas alternativas a dicha cuestión. Yo, sin embargo, que no soy periodista, no pretendo aquí dar respuesta a esta pregunta. Me voy a limitar a apuntar algunas cuestiones relacionadas con la sociedad civil y los movimientos sociales en España, que vengo abordando desde hace algunos años desde una perspectiva sociológica.

Durante mucho tiempo, la transición política fue un referente para muchos países debido a la forma pacífica en que se llevó a cabo. Sin embargo, 20 años después comenzaron a manifestarse las consecuencias no deseadas de tal modelo: la persistencia del terrorismo de ETA hasta fechas recientes y los conflictos regionales e independentistas entre el Estado y las comunidades autónomas, que abarcan desde los de índole lingüística hasta los de competencias, sobre financiación autonómica o la propia soberanía nacional. Lo que viene ocurriendo en los últimos meses da buena cuenta de ello.

Otra de las consecuencias no intencionadas de la Transición ha radicado en la rígida estructura burocrática de los partidos políticos y sindicatos españoles, que ha sido terreno abonado para la corrupción. Ello ha reducido la confianza en los partidos políticos y ha potenciado la paulatina activación de cuerpos intermedios de la sociedad civil y  movimientos sociales con un alto grado de independencia de las organizaciones políticas. También han surgido nuevos partidos como respuesta a los agujeros negros de la Transición. Algunos son partidos cuyo surgimiento está vinculado a las redes y líderes intelectuales del movimiento cívico-constitucionalista en Cataluña y en el País Vasco. Otros, más recientes en el tiempo, emergieron en las últimas fases del extenso marco de acción a que diera lugar la irrupción del 15-M.

A mediados de la década de 2000, colectivos y organizaciones cívicas que ya venían difundiendo fuertes críticas a los dos grandes partidos y los nacionalistas promovieron dos nuevos partidos: UPyD, en 2007 y a nivel nacional, y Ciudadanos, que nació como asociación catalana en 2005 bajo el nombre de Ciutadans de Catalunya. Ambos consiguieron, al poco tiempo de nacer, entrar en importantes instituciones de gobierno a nivel regional y nacional. PSOE y PP, junto a los nacionalistas e IU, habían protagonizado la vida política y, por tanto, también los periodos en los que la desconfianza respecto a la clase política emergió con más fuerza. Este orden político derivó en lo que muchos coincidieron en calificar como partitocracia: instituciones y estructuras que estimularon la expansión de una gran burbuja inmobiliaria y del gasto desmesurado en infraestructuras que no obedecían a necesidades reales, sino a intereses de partido -nacionalistas y no nacionalistas-, corruptelas, redes clientelares y patrones de connivencia entre clase política y grupos económicos.

Las dos formaciones que nacieron en esa década pusieron el énfasis en la progresiva materialización de las consecuencias no deseadas del modelo de transición y en la crítica a los partidos por su gestión de estos asuntos. Daban, así,  continuidad institucional a la indignación que el movimiento cívico se había encargado de difundir entre la ciudadanía desde los años 90; contra el terrorismo en el País Vasco y España, la política lingüística y el nacionalismo independentista en Cataluña (en este segundo caso, con menor éxito hasta fechas recientes). No debe extrañar, por tanto, la posición de Ciudadanos ante el actual desafío independentista, ni tampoco la de otras plataformas y numerosas organizaciones de carácter transversal conectadas a las redes que conforman el movimiento cívico-constitucionalista.

Desde sus inicios, estos proyectos pusieron el acento en cuestiones como las políticas lingüísticas y las tensiones nacionalistas, el modelo territorial del Estado; también sobre la reforma de la ley electoral, la regeneración, la corrupción o la división de poderes. Por ejemplo, Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, señalaba en 2007 en un acto en Madrid -al que asistí para hacer trabajo de campo dentro del marco de un proyecto de investigación- la necesidad de regenerar la política mediante la inclusión de listas abiertas en los partidos y una mayor participación interna, así como una reforma de la ley electoral. Pero sobre todo destacó la necesidad de garantizar la igualdad de todos los españoles ante la ley y el cierre de la Constitución, principalmente con la definición y blindaje de las competencias autonómicas. En un sentido análogo apuntaban las propuestas de UPyD y también, paradójicamente, algunas de las principales de regeneración democrática postuladas por el 15-M durante su irrupción en 2011. Asimismo, estos dos partidos se situaron en la transversalidad.

Pero ambos proyectos, como organizaciones políticas que son, sucumbieron pronto a la tentación de las estructuras organizativas rígidas, así como a conflictos internos y cambios de timón que han puesto en entredicho ese carácter transversal original. Ello se debe a que siempre es problemático el paso de la acción a la organización; es decir, de la movilización -en la que predominan lógicas de tipo sustantivo- a la participación en la política institucional -un mundo marcado por el cálculo instrumental de medios y fines-. Estas dinámicas también han afectado a Podemos.

Por todo lo anterior, la participación en estos nuevos partidos ha resultado frustrante para parte de sus seguidores, dado que han tendido a reproducir la ley de hierro de la oligarquía, que también afecta a las formaciones tradicionales.

En el caso concreto de Ciudadanos, la organización ha pasado por importantes conflictos internos y dinámicas de igual índole. A juicio de algunos de sus miembros y simpatizantes, han sido varias las ocasiones en las que la directiva se ha entregado a sus propios intereses y a los personalismos. Asimismo, su ideario ha acusado numerosos vaivenes según la coyuntura, renunciando a defender de forma clara y concisa uno de carácter transversal y sometiéndolo a lógicas y motivaciones instrumentales, que son las propias de las organizaciones que compiten en el mercado electoral.

En la nueva andadura del partido, con su salto a la política nacional, se ha ahondado aún más en estas dinámicas. Pero una cosa está clara: ante la actual situación en Cataluña, este partido y sus líderes sólo están actuando como cabría esperar que lo hiciera una organización política que emergió como reacción a lo que sus bases intelectuales y sociales denominaron “nacionalismo obligatorio”. Otra cosa es que su posición a este respecto se mantenga en el tiempo, o que cambie a consecuencia de las lógicas instrumentales que le han guiado en los últimos tiempos. Quizá en esta ocasión el equilibrio entre razones instrumentales y sustantivas (que no consisten en optimizar sus intereses) pueda estar complementándose e impulsando al partido, haciéndole conectar con un mayor número de ciudadanos y votantes de cara a las próximas citas electorales en Cataluña y España. O quizás no…

Autoría

1 Comentario

  1. Carlos López
    Carlos López 12-13-2017

    No creo que sea muy acertada esta frase: “continuidad institucional a la indignación que el movimiento cívico se había encargado de difundir entre la ciudadanía desde los años 90”. Los movimientos cívicos como Basta Ya no promovían la indignación. Lo que hacían era denunciar los excesos y violencia antidemocráticas procedentes del nacionalismo para promover un cambio. Algo digno de reconocimiento. No eran como algunos partidos o medios de comunicación que promueven la indignación por intereses particulares.
    “El origen de los emergentes” http://pajobvios.blogspot.com.es/2015/11/el-origen-de-los-emergentes.html

    Y creo que pasado el tiempo se ve que esa denuncia tenía sentido. Que existen unos prejuicios nacionalistas, de corte supremacista, que conviene desmontar.
    “Emociologías: una 2ª Transición para Cataluña” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/emocioogias-una-2-transicion-para.html

    Eso sí, sin caer el distorsiones opuestas que buscasen crecer alimentando la indignación. Que existen también.
    “Esencialismo, la distorsión de la derecha” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/11/esencialismo-la-distorsion-de-la-derecha.html

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