Cinco vidas en cinco lugares distintos

Supongamos por un momento que pudiésemos coger al azar a cinco personas de mediana edad cada una de ellas localizadas en las cinco principales regiones del mundo: Europa, Norteamérica, Latinoamérica y el Caribe, Asia y África. ¿Dónde estarían asentados probablemente estos individuos? Y lo que es más importante; ¿podríamos decir algo acerca de cómo su entorno les afecta?

Si uno de los individuos proviniese de Europa, muy probablemente lo haría desde una ciudad de tamaño mediano o incluso pequeña (menos de medio millón de habitantes). Se trataría de una ciudad con pocos vaivenes esperados, seguramente bastante envejecida y con cierta pérdida natural de población, pero con un aceptable nivel de bienestar debido, conjuntamente, al nivel medio de productividad de la ciudad y al rol del Estado de Bienestar, los cuales permiten a sus habitantes acceder a una buena oferta de bienes y servicios y, en definitiva, vivir con cierta comodidad. Si bien en estos países existen fuertes sistemas de redistribución entre regiones, posiblemente los jóvenes de estas ciudades medianas, que han crecido y se han formado al albur de la crisis financiera, sí estarían sintiendo cierta ansiedad por emigrar a los núcleos más grandes y dinámicos dentro de su país o dentro del arco europeo (Londres-París-Amsterdam-Düsseldorf) con la intención de progresar profesionalmente. Esta inseguridad bien pudiera ser consecuencia de sufrir directamente los efectos de la incertidumbre y la precariedad laboral, lo que entra en contradicción con el relativo bienestar que disfrutan las generaciones más mayores que les rodean.

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En el caso de un individuo de Norteamérica, cabría esperar que éste proviniese de una ciudad mediana o media-grande. Pese a su tamaño, los individuos en estas ciudades pudieran estar presenciando múltiples cambios; para bien o para mal, dependiendo de la zona en la que se encuentren. Aquellas ciudades medias cercanas a la gran urbe californiana (Los Ángeles), o que se encuentran no muy distantes (Charlotte, Richmond) de núcleos clásicos de crecimiento (Washington), o incluso sureños (Houston, Dallas, Austin o Atlanta) estarían experimentando una expansión de las oportunidades económicas de sus habitantes. Por el contrario, ciudades ya no sólo del interior americano, sino aquellas clásicas del Norte de EE.UU. que vivieron fuertes períodos de expansión y posterior declive industrial (Detroit, Cincinnati), seguirían sin poder hacer frente a la emigración de su mano de obra más cualificada, la cual estaría enfrentando los retos que la automatización del trabajo acarrea en sus mercados laborales locales. Esta emigración desde unas zonas a otras muy posiblemente tenga destinos clásicos: Los Ángeles, San Francisco y New York. Son ciudades ajenas a lo que ocurre en el resto del país que suelen configurarse como enclaves en los que desarrollar y explotar las oportunidades laborales. Se trata de lugares que incluso. aunque el país en su conjunto se estanque, son capaces de reinventarse, diversificarse y mostrarse como auténticos polos garantes de cierta estabilidad económica para sus habitantes, siempre que éstos puedan sufragar los costes de vivir en ellas. Pero, no por ser fuertes, las grandes ciudades son siempre imbatibles, pues incluso casos como el de Chicago muestran que el crecimiento continuo no es una ley inexorable para las ciudades anteriormente dinámicas, sino que incluso podrían llegar a estancarse si la actividad económica se estuviese moviendo hacia otras regiones del país.

Dirigiéndonos al sur de esta región, en Latinoamérica sí que empezaríamos ya a encontrarnos diferencias casi insalvables en el corto plazo entre vivir en unas zonas u otras de cada uno de sus países. En esta región, vivir en su interior o en el litoral oceánico realmente marca a sus individuos. Una persona escogida al azar muy probablemente provenga de una ciudad mediana-grande, que esté por encima del millón de habitantes o incluso los cinco millones, y que se encuentre en la costa marítima. En estas ciudades, el dinamismo económico no es comprendido de la misma manera que en la región vecina del Norte. La carencia de políticas públicas (infraestructuras, servicios de transporte…) inclusivas provoca que estas ciudades sean incapaces de aprovechar las sinergias positivas de la concentración de población. Pero sin lugar a duda, el fenómeno más determinante en las ciudades latinoamericanas sería el nacer en un barrio u otro de las mismas. Y es que en este caso las disparidades fundamentales ya no sólo provienen de diferencias entre ciudades, sino que lo hacen en el seno de las mismas, coexistiendo barrios relativamente bien conectados a los circuitos internacionales, frente a otros totalmente apartados incluso de las dinámicas propiamente nacionales. Es en estos barrios donde la precariedad y la informalidad en la vida económica embriagan la manera de vivir de buena parte de sus poblaciones. Por así decirlo, la diferencia en la evolución y vida de una persona vendrá totalmente marcada y configurada por el barrio en el que nazca.

Mirando ahora hacia Asia, el fenómeno de la localización de los individuos alcanzaría otra dimensión. Aun proviniendo de ciudades medianas o incluso pequeñas, nos encontraríamos con ciudades que concentrarían a miles de personas. Se trataría de ciudades muy dinámicas, como la historia no ha conocido antes. Estaríamos hablando de megalópolis más grandes que multitud de países, y con un mayor impacto futuro que el que tradicionalmente han tenido las ciudades de las economías avanzadas. De hecho, serían estas ciudades las que estarían tirando de sus países. Y es que la gran parte de las ciudades en China, el Sudeste Asiático e India, estarían creciendo a tasas mucho mayores que el de sus propias economías nacionales. Los retos para estas urbes serían enormes, tanto en la dotación de recursos como en la provisión y gestión de sus bienes y servicios. Pero supondría incluso un mayor desafío el trasladar al conjunto de sus regiones parte de ese crecimiento que se está generando en partes muy específicas, haciendo que el crecimiento sea inclusivo y que la acuciante disparidad entre zonas ricas y pobres no acabe por desconectar del mundo a estas últimas.

Finalmente nos quedaría África, la región que por sí misma está experimentando fenómenos urbanos novedosos. Y es que en esta parte del mundo, los países se han urbanizado antes de desarrollarse. Miles de personas se han movido no sólo hacia sus ciudades principales, sino hacia las ciudades medianas y pequeñas. Pero si este proceso de urbanización no viene acompañado de crecimiento, lo que cabe esperar son barrios inconexos unos de otros dentro de las grandes urbes. La falta de una planificación urbana  ha llevado a que se generen ciudades dentro de ciudades, donde las alternativas de crecimiento profesional no sólo son nulas, sino que perpetúan las bolsas de pobreza. Pero aun con esas, más de la mitad de la población en esta región no se localizaría en las ciudades, sino en el mundo rural, lo que genera una mayor tensión en el seno de los mismos, pues los escasos recursos de los que dispongan las políticas públicas se orientarán a aprovechar las sinergias y el (poco) dinamismo que haya en las capitales del país, marginando con ello a las poblaciones del mundo rural.

Como brevemente podemos intuir con estas líneas, nacer en un lugar u otro puede condicionar la vida de las personas. Cinco vidas con cinco destinos diferentes según el lugar de origen. Es decir, son los lugares concretos, y no sólo los países los que marcarán la vida de sus individuos en el largo plazo. De ahí que necesitemos hacer y hablar de política geográficamente pequeña/regional/geográficamente reducida/municipalista/local, pero que alberga grandes consecuencias.

Agenda Pública quiere debatir sobre la política económica local. No sólo atendiendo a las ciudades, sino también a aquello que trasciende desde lo nacional a lo local, pasando también por todos aquellos asuntos que afectan a los individuos que no viven en las ciudades, pues es quizás en el olvido de la problemática que rodea al mundo rural y local de donde parta el malestar social que estamos presenciando en la actualidad.

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