Cinco claves que definirán la evolución de Cataluña tras el 1-O

Lamentablemente, la jornada del 1-O quedará marcada por las imágenes de violencia en los intentos de la policía por detener la celebración de la consulta organizada por la Generalitat fuera del marco constitucional. El día comenzó con un anuncio, por parte del Govern, del cambio de reglas en el funcionamiento de la votación, lo que implícitamente rebajaba el acto a un nuevo 9-N como el de 2014. De este modo, la falta de garantías se hacía más evidente. Los resultados finales, anunciados por el Govern a última hora del día, sugieren que el poder de convocatoria de esta consulta, en ausencia de la actuación policial de estas últimas dos semanas, habría sido no muy distinto del que se dio en 2014.

Con ello, las estrategias de polarización de Mas/Puigdemont y Rajoy durante este tiempo parecen haber quedado abiertamente cuestionadas: estamos donde estábamos hace tres años, pero peor y con menos alternativas. Lo cual no significa que la situación no pueda empeorar aún más.

A pesar de que la ausencia de garantías de esta consulta la invalidaba como fuente de legitimidad, sus resultados seguirán emitiendo efectos importantes sobre el futuro inmediato. Ello dependerá de cinco variables clave.

Primera, ¿hasta qué punto la masiva participación de este 1-O, sumada al descontento provocado por la actuación policial, habrá alterado los equilibrios de poder dentro de la coalición soberanista que lidera este proceso? Desde las elecciones autonómicas de 2015, el ritmo de la política catalana ha estado fuertemente condicionado por la CUP. En los últimos meses esto ha llegado al punto de que la propia CUP ha obligado a los líderes del PDeCat a rectificar continuamente sus posicionamientos, como sucedió con la aprobación de la Ley de Transición o la probabilidad de declarar unilateralmente la independencia en los días posteriores a la consulta.

En la medida que la jornada del 1-O pueda haber significado un reforzamiento de la legitimidad del President Puigdemont, este podría reclamar ahora más autonomía respecto a la CUP.

Segunda, ¿habrá declaración unilateral de independencia (DUI)? La Ley de Referéndum, suspendida por el Tribunal Constitucional, establece que transcurridas 48 horas del referéndum con mayoría de Síes, el Parlament procederá a proclamar una DUI. Puigdemont pareció sugerirlo en su intervención al acabar esta jornada. Sin embargo, la decisión no está exenta de problemas. ¿Estarán de acuerdo en apoyar la DUI los 72 miembros de la mayoría secesionista? ¿Qué grado de descrédito podría generarse si en las horas o días siguientes la comunidad internacional no la reconociera y ni siquiera las administraciones públicas catalanas la obedecieran? ¿Y qué costes podría acabar acarreando para el autogobierno en Cataluña?

Recordemos que una DUI forzaría irremisiblemente al Gobierno central a poner en marcha los trámites de uso del art. 155 CE. Esta intervención podría acabar significando, entre otros, el cese de todos los altos cargos de la Generalitat y la redefinición de algunas políticas propias de la Generalitat.

Estos riesgos podrían llevar al sector más moderado del actual soberanismo, a distanciarse de esta deriva y abrir una grieta en el grupo dirigente del movimiento.

Tercera clave: ¿habrá elecciones? ¿Generales o autonómicas? Las primeras podrían convocarse si Rajoy no obtiene un apoyo explícito del PSOE a la posición del gobierno en la materia catalana en los próximos meses, o el PNV se resiste a seguir dándole apoyo a los presupuestos generales del Estado de 2108. No obstante, unas elecciones generales anticipadas no estarían exentas de riesgos para Rajoy, porque las encuestas de los últimos meses siguen sin asegurar que la suma de diputados PP +Ciudadanos le garantizara la presidencia a Rajoy, mientras que, en todo caso, estas elecciones implicarían el retorno de Sánchez al escaño en el Congreso.

En cambio, unas elecciones autonómicas parecen mucho más inciertas en el contexto actual, debido a las dificultades de la actual mayoría soberanista para reeditar una candidatura unitaria como Junts Pel Sí o incluso para mantener la mayoría absoluta con la CUP.

Cuarta, ¿hacia una campaña de movilización permanente del soberanismo? Una alternativa a las elecciones puede consistir en recurrir al ámbito en el que el movimiento secesionista se ha mostrado más fuerte hasta el momento: la movilización de protestas en la calle. En ese sentido, la primera decisión del 1-O ha sido anunciar la convocatoria de una huelga general el martes 3 de octubre, con la participación de UGT y CCOO, reacias hasta ese momento.  A partir de ahí, una parte del sector más radicalizado en el independentismo (la CUP y, curiosamente, sectores del PDeCat) puede apostar por conseguir mediante la movilización colectiva lo que las urnas se resisten a provocar: la crisis definitiva del Estado y, con ello, la quinta variable…

¿Intervendrá la UE? La apuesta decisiva de Puigdemont reposa en la internacionalización del conflicto, para que la UE obligue –desde el exterior- a la negociación entre España y la Generalitat. No obstante, esta parece la menos probable de todas. Aunque cada vez surgen más dudas entre muchos dirigentes europeos sobre cómo Rajoy está gestionando la crisis territorial, no es probable que los Estados miembros de la UE decidan sacrificar la autoridad nacional de uno de ellos para legitimar la insurrección de una de sus regiones. Sería un precedente peligroso en un contexto de creciente auge del populismo y de las expresiones política que oponen la voluntad del pueblo a la legitimidad de las autoridades estatales.

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