Cataluña y el espejo de los populistas polacos

Los acontecimientos recientes relacionados con la organización del referéndum ilegal de Cataluña y la respuesta del Gobierno español han resonado en toda Europa. También en el debate público polaco abundaron comentarios relativos tanto a la legalidad de la propia consulta como a las medidas adoptadas por las autoridades españolas. En este contexto merece la pena, ante todo, reparar en la postura de los populistas (Prawo i Sprawiedliwość [Ley y Justicia]) que se encuentran actualmente en poder, cuya reacción y actitud coinciden en muchos aspectos con los argumentos de los nacionalistas catalanes. Tal coincidencia indica que, en realidad, entre el populismo de Europa del Este y el nacionalismo catalán no hay mucha diferencia, ya que en ambos casos el objetivo primordial de la política consiste en ejercer el derecho exclusivo a la representación de los intereses del pueblo genuino. De aquí que ambas ideologías acarreen riesgos similares para el constitucionalismo liberal.

Los populistas polacos utilizaron el referéndum catalán sobre todo para cuestionar la postura de la UE. Al comentar los acontecimientos relacionados con el referéndum, el vicepresidente del Parlamento Europeo, Ryszard Czarnecki, diputado de Prawo i Sprawiedliwość, dijo que la UE mostraba una doble moral al no pronunciarse en los asuntos españoles y, al mismo tiempo, intervenir sin ningún motivo en los asuntos internos de Polonia. Se criticó también al Consejo de Europa, cuyo órgano consultivo –la Comisión de Venecia– había dictado hasta aquel momento dos opiniones extremadamente reprobatorias sobre los cambios en el Tribunal Constitucional y sobre la ley que admite el uso, por los servicios de inteligencia, de unos métodos refinados para vigilar a los ciudadanos. También en este caso, uno de los diputados del partido populista gobernante, Dominik Tarczyński, observó que unos incidentes irrelevantes en Polonia eran objeto de interés de la comunidad internacional, mientras que una agresión brutal de las aspiraciones independentistas de los catalanes no obtenía ninguna respuesta de parte del Consejo de Europa.  

Un tono similar pudo observarse en los comentarios en los medios de comunicación públicos de Polonia. Esto se debe a una transformación profunda de la radio y televisión públicas, ya que una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno fue tomar el control de las mismas, procediendo al mismo tiempo a despidos masivos de periodistas. Los populistas creen que la información transmitida no debe perjudicar el interés nacional, siendo ellos los únicos predestinados para salvaguardarlo. Como consecuencia, en los medios públicos no existe un debate auténtico ni pluralista, y los programas informativos se han convertido en espectáculos grotescos de propaganda que a muchos les evoca el discurso omnipresente de la época comunista. El día del referéndum catalán, el diario informativo principal de la televisión pública se concentró en atacar a la UE y la Comisión Europea, que habían puesto en marcha el proceso para proteger las reglas del Estado de derecho en Polonia (en relación con, entre otras cosas, la paralización del Tribunal Constitucional o la tendencia a restringir la independencia judicial). El reportaje insistía en que las instituciones comunitarias eran “hipócritas” en sus actuaciones, al no reaccionar ante los acontecimientos en España. La mejor síntesis de dicho reportaje fue su título: Bruselas permite a los españoles golpear con porras a la gente, pero le prohíbe a Polonia luchar contra el escarabajo de la corteza. El título aludía así al proceso iniciado ante el Tribunal de Justicia de la UE contra Polonia, en el que la Comisión Europea acusa al Gobierno polaco de realizar una tala ilegal del Bosque de Białowieża, el último y mayor fragmento de bosque primario europeo. Hasta el momento, a pesar de múltiples objeciones serias planteadas por la UE y la Unesco, en ese complejo forestal se han talado con fines comerciales unos 150.000 árboles, con el pretexto de luchar contra el escarabajo…

Tal reacción puede resultar extraña, especialmente en el contexto de la actitud de los populistas polacos hacia la materia de la descentralización o la autonomía local. No cabe duda de que para ellos el autogobierno local –que dispone de una autonomía garantizada constitucionalmente– se presenta como una amenaza grave. De hecho, lo que desean conseguir es una consolidación del poder en todos los niveles, considerándose a sí mismos como autorizados a la representación moral de toda la nación y, por tanto, llevando a cabo de forma persistente una política de centralización dirigida contra del autogobierno. En estos días está muy presente en el debate público el tema de la modificación de la legislación electoral que el Gobierno tiene prevista y que afectaría a las elecciones municipales del año próximo.

No es sólo en la actitud peculiar de los populistas polacos donde se manifiesta la semejanza entre las premisas de esta corriente política y las aspiraciones de los nacionalistas. En ambos casos, según observa Jan-Werner Müller en su último libro What Is Populism? (¿Qué es el populismo?), los políticos reclaman para sí el derecho de decidir quién forma parte del pueblo. Al querer conseguir la unificación del mismo, se confrontan simultáneamente con aquellas personas e instituciones que presentan una opinión diferente en cuestiones públicas y, por ende, no constituyen una parte integral del pueblo genuino. Tanto los populistas como los nacionalistas están, por consiguiente, en contra del pluralismo, cuyo respeto queda garantizado por las constituciones polaca y española. Afirman también que tienen el derecho exclusivo de definir en qué consiste el bien común que ellos pretenden materializar, y no importa aquí la opinión de aquellos catalanes que están en contra de la independencia ni de aquellos polacos que no aceptan los cambios populistas y la violación constante de las normas del Estado de Derecho.  

En el discurso populista y nacionalista puede observarse una postura peculiar respecto a la institución del referéndum. Tanto unos como otros, según declaran, quieren escuchar la verdadera voz del pueblo. En realidad, lo que procuran conseguir no es un proceso abierto de deliberación e intercambio de opiniones, sino solamente la aprobación de aquello que el líder populista o nacionalista ya había decidido calificar como el interés oportuno (y único) del pueblo. Uno tiene la impresión irresistible de que éste fue precisamente el objetivo del referéndum independentista catalán: demostrar a toda costa, mediante un procedimiento que violaba las normas fundamentales, que la mayoría de los votantes estaba a favor de la independencia. Sin embargo, según muestran las experiencias polacas, cuando el referéndum pudiera llevar a un resultado contrario a los intereses de los políticos populistas, éstos no están dispuestos a utilizar esta forma de democracia directa. A pesar de haberse reunido casi un millón de firmas en la solicitud de un referéndum sobre la reforma educativa, en julio de 2017 el Parlamento, controlado por los populistas, rechazó la idea de organizar una consulta en esta materia. Tanto las experiencias polacas como las españolas permiten, por tanto, formular una tesis sobre la amenaza de la instrumentalización de la institución del referéndum.  

Los acontecimientos ocurridos en Polonia y en España muestran también que uno de los principales garantes del orden constitucional liberal es un Tribunal Constitucional imparcial e independiente. En España, estos mecanismos desempeñaron su función correctamente, y el Tribunal expresó su opinión inequívoca en cuestión de legalidad del referéndum independentista o la declaración misma de la independencia. En Polonia, en cambio, dado que los populistas gobiernan a nivel central y no local, el Tribunal Constitucional quedó paralizado por una serie de modificaciones inconstitucionales de las leyes que regulan su funcionamiento. La mayoría parlamentaria populista ha conseguido que el Tribunal actual tenga un carácter de pura fachada, con unos jueces elegidos de forma ilegal y lejos de cumplir con los estándares europeos de independencia y autonomía. Tal toma de control sobre la jurisdicción constitucional ofrece a los populistas un instrumento adicional. Al realizar unas reformas controvertidas y constitucionalmente dudosas, pueden recurrir al Tribunal subordinado, que siempre estará dispuesto a legitimar sus proyectos.   

Sin lugar a dudas, la política de los populistas polacos y de los nacionalistas catalanes genera unos conflictos sociales profundos y perdurables. Para un observador imparcial debe resultar obvio que los catalanes han quedado sometidos a un enfrentamiento vehemente. También en Polonia se ha producido una polarización aguda de opiniones en asuntos relativos tanto a la historia como al futuro del país. En este contexto, no cabe duda de que una política responsable debería centrarse en buscar una salida a esta situación de enfrentamiento, aprovechando los instrumentos pertinentes que ofrecen la Constitución y el derecho internacional, y no en agravar la sensación de que todos estamos condenados a un conflicto permanente.

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