Cameron hunde al Reino Unido: penúltimo acto

“Britain is characterised not just by its independence but, above all, by its openness”, David Cameron, Bloomberg Speech, 2013

“We will forgive you if it ends well”, Radoslaw Sikorski, 2016

El Consejo Europeo celebrado este fin de semana es el penúltimo episodio de un proceso que conducirá al Reino Unido, de la mano del conservadurismo británico, a la posible salida de la Unión Europea el 23 de junio. Tal y como pasó con Tsipras, el autoengaño de Cameron ha sido pretender que Europa funciona como el Consejo de Seguridad de la ONU, que facilita a los estados lograr lo que quieren gracias a la sombra permanente de un veto paralizador. Parece inverosímil que después de 50 años de integración europea algunos países todavía caigan en la trampa. El proyecto europeo nunca fue la ONU, y por el momento tampoco es un sistema democrático en el cual el sistema de contar votos y mayorías haya substituido al autodestructivo sistema intergubernamental (aunque algo se vaya moviendo). 

Hoy en día para modificar alguna línea de flotación de la Unión Europea solo hay tres caminos posibles. El primero es convertirse en un socio ‘inevitable’. Utilizar todo el hard power económico, comercial, social o demográfico, para volverse ineludible. Algo que no está al alcance de todos. El segundo camino es el liderazgo. Es decir, conseguir disponer de una capacidad de influencia basada en la legitimidad pública, la actitud constructiva y pactista, o la imaginación política para lograr consensos a 28. Y luego está el tercer camino, que es el del maquillaje comunicativo, el de lograr victorias pírricas que puedan utilizarse en clave interna y nacionalista. Como primer ministro del Reino Unido Cameron podría haber escogido cualquiera de las dos primeras opciones, pero se ha decantado por la tercera.

El contexto

Cameron se ha contentado por la tercera opción, entre otras cosas, porqué su propia flotabilidad política en las Islas está muy mermada. Tres momentos son claves para entender cómo se ha llegado hasta aquí. El primero ocurre el 9 de diciembre de 2011, en lo más álgido de la crisis de la deuda, los estados miembros adoptan una batería de medidas legislativas sin precedentes, en particular se crea el Mecanismo Europeo de Estabilidad que servirá para dar una línea de crédito a los estados. En el momento de firmar, Cameron se opone, temiendo un avance de corte federal, hasta tal punto que por primera vez las conclusiones de un Consejo Europeo se votan oficialmente, 26 contra 1 (Croacia todavía estaba por entrar). El veto formal de Cameron impide introducir las nuevas medidas en los Tratados, lo que obligará a ratificar el Mecanismo como un sistema fuera de la legalidad comunitaria, como un simple tratado de derecho internacional. Lo nunca visto. El Financial Times dio por muerta ese día la doctrina Thatcher que consistía en tener siempre un pie dentro molestando y uno fuera. Ese día Cameron puso políticamente al Reino Unido con los pies fuera.

El segundo momento, ocurre en noviembre de 2012. La Casa de los Comunes se dispone a discutir el próximo Consejo Europeo, el del 22 de noviembre de 2012, dónde se decidirá el presupuesto europeo para el período 2014-2020. Comandados por el diputado Mark Reckless (nótese el guiño del propio apellido), 50 diputados Tories deciden votar contra su propio gobierno pidiendo que Cameron negocie no sólo una congelación del presupuesto europeo, si no un recorte. Lo que equivale a un suicido político teniendo en cuenta las posiciones de los otros 27 socios. Ese voto puso de manifiesto que la derecha británica está dispuesta a empujar a su propio gobierno a una situación límite en relación al tema de Europa. Los dos periódicos de influencia liberal-conservadora, el Financial Times y el Daily Telegraph, publicaban dos editoriales bien distintos que ilustran la división: el primero apuntando la ingenuidad de los rebeldes, el segundo apoyando una rebelión portadora de la ‘voluntad del pueblo’.

El tercer momento es un cúmulo de victorias electorales del UKIP (como los 147 regidores en las elecciones de mayo 2013, o la victoria en las elecciones europeas en el verano de 2014); aderezadas con el anti europeísmo de personalidades internas al partido como Boris Johnson – el alcalde antieuropeo en la capital financiera de Europa-, Theresa May – la nueva Thatcher -, y Michael Gove – ministro y a la vez el líder de los conservadores que pedirán el NO el 23 de junio…

¿La renuncia de Cameron, un anticipo de la derrota?

Cameron ha renunciado durante estos meses a defender la importancia estratégica del Reino Unido en Europa. La contrapartida es que políticamente muchos socios están empezando a normalizar la visión de una Unión sin ellos. Hace unos meses, en octubre de 2015, François Hollande aceptó públicamente por primera vez, sin hacer ni el más mínimo intento de convencerles de lo contrario, dicho advenimiento. A falta de una visión en positivo, Europa se está auto-convenciendo que no perdería nada con la salida de los británicos. Y viceversa, el gobierno de Cameron ha declinado convencer a sus socios que estarían perdiendo algo.

El Reino Unido podría haber insistido, al menos, en cuatro aportaciones específicas al destino europeo: primero, la importancia de disponer del único centro financiero que intercambia al mismo tiempo con la franja horaria americana y la asiática; segundo, su voluntad de jugar un rol activo en la política internacional – en la línea de la consolidación de una Europa de la Defensa; tercero, su obsesión por mejorar la competitividad de la economía europea – uno de los capítulos del acuerdo que se ha quedado en letra muerta-; y finalmente, su apertura cultural y su modelo de integración – que hace del país uno de los principales centros universitarios y de inmigración del mundo entero.

El acuerdo de este fin de semana no solo no toca ninguno de estos puntos, sino que perpetúa el derribo de la libre circulación y abre la puerta a todo tipo de disparates jurídicos. El Reino Unido ha ofrecido una coartada al resto de países deseosos de señalar a los emigrantes comunitarios, eliminar sus derechos sociales, y estigmatizar la ciudadanía europea en función de su país de origen. El think tank inglés Open Europe – conocido precisamente por no hacerles ningún favor a los europeístas – ha publicado el análisis que ofrece más pistas para entender hasta qué punto el acuerdo de este fin de semana es un acuerdo eminentemente ideológico: no hay ningún argumento de peso (ni demográfico, ni económico, ni financiero, ni cultural, ni legal) que legitime darle el peso que se le ha dado a las ayudas que tocan los inmigrantes comunitarios en las Islas – unos 70 millones de euros. Cinco Días publicaba algo más al respecto. Peor todavía: Cameron no dispone de los datos que él mismo utiliza como arma arrojadiza (por ejemplo su famoso ‘40%’ de inmigrantes comunitarios que reciben ayudas familiares). 

El Prime Minister ha conducido su país al referéndum sin tan siquiera conseguir algo a cambio, y renunciando a liderar un cambio constructivo o en positivo en la estructura europea. Puro atrezzo. Y curiosamente una derrota sin paliativos para la ciudadanía británica, en nombre de la cual se está llevando a cabo el hundimiento orquestado. 

Autoría

1 Comentario

  1. Covadonga
    Covadonga 02-22-2016

    Muy buen resumen del affaire Cameron. Contexto bien delimitado.

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