Bueno esto es.., es.., un poco como un toro ¿no?

En su comparecencia del sábado Rajoy para anunciar la aplicación del 155 brindó una pequeña perla. En lo que parecía una pequeña improvisación melodramática fuera de guión para reforzar su argumento confesaba su convicción de que los independentistas “querían llegar hasta aquí”. ¿Justifica esa intención manipuladora el 155?

La sospecha de Rajoy no es solo suya; la compartimos muchos. Sospechamos también que desde el bloque independentista escenificaron el 1-O con objeto de provocar una reacción desmedida del Estado y que así pudieran tomarse miles de fotos de policías aporreando a ciudadanos apostados ante sus colegios electorales o llevándose las urnas. Y lo consiguieron. Si bien entre los miembros del Govern no ha sido explicitado nunca abiertamente el carácter provocador de sus acciones – sí lo ha hecho sus socios de la ANC y Omnium, e intelectuales afines al secesionismo– no han faltado las apelaciones a actuar con “astucia”.

Por ello, somos muchos los que creemos que los líderes políticos del independentismo se han embarcado en un estrategia de “cuanto peor, mejor” y tientan al gobierno central con provocaciones porque están convencidos de que, pese a los efectos colaterales de la respuesta, la causa independentista saldrá fortalecida. Es una batalla por la opinión pública, interna y externa. No hay que olvidar que la esperanza que abrigan muchos independentistas, reconocida sin tapujos por académicos afines al independentismo, es poder abrir la vía de la llamada “remedial secesion”, amparando el derecho a la secesión en la comisión por parte del Estado de graves actos de injusticia, violación de derechos humanos y negación de derechos de autogobierno. Socializando costes esperan cosechar ganancias particulares.

Hace una década desparecieron de la parrilla televisiva Las Noticias del Guiñol. Seguro que la mayoría de los lectores recordarán alguna de sus parodias. Si eran asiduos seguro que no habrán olvidado al guiñol del torero Jesulín de Ubrique y la cápsulas de análisis político y social precedidas por una frase mítica: “Bueno esto es… es… un poco como un toro ¿no?”. Las premisas filosóficas de la respuesta del gobierno (y sus cómplices políticos en esta aventura)  tienen mucho que ver con el encuadramiento mental que tan bien sintetizaba Jesulín. La crisis catalana es como un toro: le presentan el capote al gobierno y éste embiste como un miura. Y no sabe (o no quiere) evitarlo.

La primera embestida le valió más de un disgusto. La ejecución del 1-O resultó claramente fallida bajo cualquier prisma que se quiera utilizar, obligando al delegado del gobierno en Cataluña a pedir disculpas. El PSOE lamentó los hechos en boca de su líder y desde el principal partido de la oposición se llegó a pedir la reprobación de Sáenz de Santamaría (aunque luego se retiró).

La prensa internacional se hizo rápidamente eco del número de “heridos” provocados por las cargas policiales, confiando en las abultadas cifras que facilitaba la Generalitat. El hecho de que después se revelará que la mayoría de los heridos eran personas atendidas en centros de salud por afectaciones menores recibió únicamente atención en algunos medios y, dentro de ellos, solamente por parte de algún columnista. El daño estaba hecho. No creo que sea aventurado afirmar que en los días inmediatamente posteriores al 1-O varios editoriales y reportajes de grandes medios sobre la situación catalana generaron incomodidad en el gobierno. También la reacción de algunos líderes políticos internacionales, como el primer ministro belga, y en otro plano, Farage, Berlusconi o Putin.

A pesar de la contundente intervención del gobierno central, el Govern de la Generalitat consiguió celebrar el referéndum y proclamar unos resultados. Resulta imposible acreditar su fiabilidad y son muchos los indicios de fraude, pero incluso así, los resultados resultan verosímiles a la luz de lo que conocemos demoscópicamente sobre el apoyo social que tiene el independentismo. Con esa base tan frágil han sido capaces de apuntalar una narrativa que resulta legítima para un 40% de catalanes, según la cuál los resultados del referéndum justifican una declaración de independencia, aunque no todos crean que ésta deba producirse ahora (resultados de la encuesta de GESOP para el Periódico).

El fracaso de la embestida gubernamental tiene otra expresión en el rechazo social que ha suscitado su actuación el 1-O.  Según la encuesta de GESOP una amplísima mayoría de catalanes, con independencia de su sentimiento independentista, consideran desproporcionada la actuación del Estado para evitar el referéndum. Se trata de una visión compartida por la práctica totalidad de los independentistas y una amplia mayoría de no independentistas (70,5%). La actuación del gobierno solo convenció muy mayoritariamente a los votantes catalanes del PP (78,9%).

Sintomáticos de este fracaso de la estrategia del PP son asimismo las actitudes hacia el futuro. El 62,9% de las personas con sentimiento independentista se sienten optimistas sobre el futuro, frente al 12,8% de los no independentistas. Los últimos acontecimientos parecen haber reforzado las expectativas del bloque independentista. Aunque la mayoría de independentistas no confían todavía en que el Procés finalizará con la independencia de Cataluña, el porcentaje de los que consideran que, al final del túnel, se llegará a ese escenario se ha disparado. Mientras en setiembre de 2015 los independentistas que vaticinaban que la secesión se haría realidad eran el 21,8%, en el sondeo de este mes llegaban ya al 40,1%.

En estas circunstancias, lejos de escarmentar, el gobierno se prepara para la segunda embestida tras haber considerado que, con sus cartas (el capote),  Puigdemont no aclaró adecuadamente si se había declarado la independencia en el Parlament el 10 de octubre. A lo largo de la semana se especuló sobre la naturaleza de las decisiones que se proponía adoptar el PP en el marco de la aplicación del 155. El PSOE anunció que sería una intervención light, breve y limitada. El objetivo en torno al cuál sería posible encontrar un consenso entre los partidos que apoyan la aplicación del 155 parecía ser el de convocar elecciones inmediatas. Carmen Calvo llegó a explicitar la fecha acordada con el gobierno: enero.

Sin embargo, tras la comparecencia de Rajoy, queda claro que la embestida no será light ni se va a circunscribir a la preparación de elecciones inmediatas. El gobierno entrará de nuevo “como un toro”, reservándose para sí todos los poderes que correspondían al Govern y limitando la acción del Parlament. Se encontrará en frente una ciudadanía que rechaza mayoritariamente el 155 (el 66,5% de los catalanes la ven con malos ojos, según la encuesta de GESOP).

Rajoy podría haber optado por un 155 light. Pese al rechazo mayoritario al 155, ese tipo de intervención, circunscrito a la preparación de nuevas elecciones, probablemente habría encontrado mayor comprensión en la sociedad catalana. No en balde más de dos de cada tres catalanes señalan en la encuesta de GESOP que estarían de acuerdo con la celebración de nuevas elecciones para intentar resolver el conflicto, y un porcentaje similar ve con buenos ojos la propuesta de una reforma de la Constitución que incluyera mejorar el autogobierno de Cataluña. Gracias a la encuesta de GESOP sabemos, por fin, que no solo la convocatoria de un referéndum como solución concita apoyos amplios en la sociedad catalana, como nos habían querido vender falazmente los políticos soberanistas.

Significativamente, la propuesta de reforma constitucional divide a los ciudadanos con sentimiento independentista en dos mitades casi iguales: el 49,1% la ven de forma positiva frente al 45,5% que no está de acuerdo.

Mimbres había, pues, para tejer una alternativa a la intervención dura (y probablemente haber incluso descartado la intervención inmediata) y convocar la apertura de la Comisión para  la Reforma de la Constitución, invitando explícitamente a los nacionalistas catalanes a plantear en ella sus reivindicaciones. Rajoy, con la ayuda de sus socios, podría haber apelado a esas mayorías favorables a la negociación, haber cultivado una disposición a escuchar las reclamaciones nacionalistas, haber intentado ahondar la fisura que atraviesa de cabo a rabo el independentismo catalán. Haber, en definitiva, recurrido al viejo principio de “divide et impera” u otras variantes de lo que en ciencia política se conoce como herestética.

La opción dura por la que apuesta tira este capital político por la borda, emplazándonos con ello en un escenario en que la propuesta de reforma de la Carta Magna difícilmente contará con la complicidad de ningún sector significativo del nacionalismo catalán, lo que representa un elemento de discontinuidad inquietante respecto al marco de convivencia que nos habíamos dado en 1978. En este sentido, la intervención del 155 que se plantea tiene una profundidad histórica como pocas,  y a partir de ahora se incorporará como pieza fundamental en los anales de agravios míticos del nacionalismo catalán, junto al 11 de setiembre de 1714 o la ocupación franquista de Cataluña en 1939.

El gobierno y sus socios tienen objetivos: “volver a la legalidad”, “recuperar la normalidad y la convivencia”, “continuar con la recuperación económica”, y “celebrar elecciones en situación de normalidad en un plazo máximo de seis meses”. Estos objetivos pueden fundamentar un argumentario superficial que va a ser repetido como una letanía propagandística. Pero el gobierno carece de un “marco teórico de cambio” que haga plausible que vaya a lograr lo que se propone, ni existen indicios empíricos que inviten a pensar que la alternativa por la que han optado va a generar un mínimo consenso trasversal en la opinión pública catalana, aprovechando puntos de convergencia que, como hemos visto, existen todavía entre segmentos de ambos lados. La intervención más bien parece destinada a fracturarla definitivamente con una embestida ciega y dislocada. Como un toro.

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13 Comentarios

  1. Pere
    Pere 10-22-2017

    Cada “provocación” del gobierno de Cataluña ha venido precedida de una negativa del gobierno de España a una “provocación” menor. Y esto empezó en 2006 con los recortes del Estatut. Decir que el gobierno catalán persigue el “cuánto peor, mejor” me parece un trasvase de culpas injusto. Si el gobierno de España ofrece mañana un referéndum pactado, esto se acaba en diez minutos. Y, por si acaso: No, no es ilegal. El gobierno de Cataluña lo ha pedido de varias formas legales (que necesitan aprovación del Congreso), pero siempre las han bloqueado.

    El problema de fondo es que para el gobierno Rajoy, 2/3 del congreso, la Casa Real y buena parte de la población española, la unidad de España está por encima de la democracia, el estado de derecho, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la verdad y la integridad física de los ciudadanos.

    • Emili Julià i Esteve
      Emili Julià i Esteve 10-23-2017

      Inexperiencia catalana y mala leche por parte del gobierno español. Sólo ver la cara de un flash de Soraya Saéz de Santamaría es más que suficiente para saber los pasos que seguirían sin dejar hablarles. Este gobierno de España es dictatorial con esencias franquistas, sus raíces son estas y su comportamiento casi a la par. Soy totalmente imparcial, digo y repito, los políticos de Catalunya lo han planteado mal para llegar a su resultado final y los Centralistas dejan de serlo en cuanto les dan margen para moverse. Hay demasiados intereses en España y en Europa y sólo se lucha para lucrarse uno. ¿A qué nadie dejará su silla..? El Gobierno de Madrid apesta de corrupción y los de Catalunya de componendas “Yo te doy, tu me das”. Es absurdo luchar contra tanta corruptela. Los políticos no merecen un minuto más.

    • Pablo
      Pablo 10-23-2017

      Pere, No se puede hacer un referéndum sobre algo que no cabe la Constitución. Sí se puede hacer uno sobre si se cambia la Constitución para que quepa. Me parece bien un referéndum pactado, pero siguiendo los procedimientos democráticos para ello. Reforma de la Constitución siguiendo el procedimiento democrático para ello, en el que votamos todos los ciudadanos, Estado de Derecho y legalidad democrática. Y Ley de Claridad, donde se regule claramente la pregunta, plazos, mayorías y condiciones del referéndum, las garantías para las partes y ciudadanos que no quieran separarse, reparto de activos y pasivos estatales, condiciones y plazos de entrada en la Unión Europea, gestión de las fronteras, aranceles, impuestos y pensiones, en definitiva, que queden claras las condiciones, ventajas e inconvenientes de la separación, sin poder mantener las ventajas de la unión si se quieren evitar sus inconvenientes.

      Parece ser que la independencia de Cataluña sí permite saltarse la democracia y el Estado de Derecho, como ocurrió el día 6 y 7 de septiembre en el Parlament. La democracia tiene como requisitos imprescindibles el Estado derecho y el principio de legalidad, sin ellos no se puede decir que algo es democrático. Precisamente el Estado derecho y el principio de legalidad son las garantías que tienen los ciudadanos que limitan el poder de los que mandan, que tienen que seguir los procedimientos democráticos, y no pueden saltárselos cuando quieran. Democracia no es que existan mayorías, sino que éstas no pueden saltarse impunemente la ley, sin cambiarla por procedimientos democráticos. Ha costado muchos años conseguir esto y lo contrario es atentar a los derechos de los ciudadanos catalanes y españoles. El Artículo 222 del Estatut de Catalunya establece que es necesaria una mayoría de dos tercios de los diputados del Parlament para poder realizar una modificación del mismo. Es absurdo pensar que una declaración unilateral de independencia del Parlament, que supone mucho más que una modificación del Estatut, se pueda hacer por la mitad más uno de sus diputados que ni siquiera representan la mitad más uno de los votantes. Es una agresión que violenta los derechos de representación de los ciudadanos catalanes, que tienen esa garantía democrática. Y se hizo el 6 y 7 de septiembre.

      ¿Ustedes nunca piensan ni por un momento en los 3 millones de ciudadanos catalanes que no se quieren separar y se han negado a participar en la estafa antidemocrática? Son el 60%, de izquierdas, de derechas, de origen catalán o de fuera. ¿No son pueblo de Cataluña? Para ustedes, en su fanatismo nacionalista, está claro que no, solo son pueblo de Cataluña los 2 millones de independentistas. Es absolutamente increíble que usted piense de verdad que tiene menos democracia, Estado de derecho, libertad de expresión, libertad de prensa, y verdad que esos ciudadanos catalanes, o que el resto de ciudadanos españoles.

      • Álex Martínez
        Álex Martínez 10-23-2017

        Efectivamente no se piensa en esos 3 millones de ciudadanos, por eso en el referéndum sólo se dejará votar a los que voten ‘Sí’. Basta ya de manipular.

        El Gobierno catalán ha intentando consultar la opinión del pueblo, después de que el gobierno central haya ignorado reiteradamente la voluntad democrática de millones de personas que han salido los últimos años a la calle de forma pacífica. Pero como ha dicho Pere, España es una única nación por la gracia de Dios y cualquier persona que no lo sienta así será ignorada.

        Lo que no me parece tan difícil de entender es no se puede obligar a nadie a sentirse español a golpe de ley y de porra. Está bastante claro que se consigue el efecto contrario. La unidad de un país nace de la ciudadanía y no de la fuerza de la ley. Se necesita mano izquierda y sobretodo negociación para convencer a la gente.

        Y desde luego cesar al gobierno elegido por los catalanes que piden un referéndum con un respaldo masivo por, precisamente, convocar un referéndum va en la misma dirección equivocada de quien no quiere resolver un problema político sino simplemente ganar un puñado de votos abrazándose a una bandera.

        Sobre la libertad de prensa te doy la razón, en Catalunya tenemos la suerte de contar con una televisión plural como es TV3, mientras que en otras comunidades tienen que conformarse con el altavoz del régimen que es TVE. Pero desde luego como acaben interviniendo TV3 podremos decir ya bien alto que en España no existe la libertad de prensa ni la de expresión.

        • Silvia
          Silvia 10-23-2017

          TV3 plural?? Eso será si dice lo que tu quieres oir!

          • miquel
            miquel 10-23-2017

            Lo que resulta del todo punto absurdo es que para declarar la independencia baste una mayoría simple y para cambiar un solo clip de sitio en TV3 se necesite la aprobación de 3/4 partes de la cámara. Simplemente absurdo. Pero claro, esos partidos según ustedes solo representan a los que no son catalanes “de verdad”. Disfrazan de democracia lo que no es más que un totalitarismo supremacista que miente continuamente en prácticamente todo: ni UE, ni Catalunya sería el paraíso empresarial, ni el Barça siquiera jugará la Liga ….y lo del video…es para llorar.

        • Pablo
          Pablo 10-23-2017

          Confirmado que usted no es capaz de ver a los 3 millones de ciudadanos catalanes que democráticamente se negaron a participar. Lo de consultar la voluntad del pueblo, suena demasiado a Alemania años 30. Franco también hacía referéndums, y no eran democráticos. Usted pude tener los sentimientos y emociones que quiera y sea capaz de manejar, pero eso no los convierte en argumentos políticos. Prefiero hablar de Estado de Derecho, racionalidad y política. Esta misma discusión le he tenido muchas veces con nacionalistas españolistas. Usted tiene todo el derecho del mundo a defender la independencia de Cataluña o lo que le parezca, pero siguiendo los procedimientos democráticos, que son la garantía para el resto de ciudadanos, y más cuando se hacen desde el poder. Pero el 6 y 7 de septiembre, conscientemente, vulneraron los derechos democráticos de los ciudadanos. De la mayoría ( y aunque no lo fueran) que insitso, usted no es capaz de ver.

          • Álex Martínez
            Álex Martínez 10-23-2017

            No hablo del pseudo referéndum del 1-O, si no del referéndum pactado con garantías que debería ser la salida a este embrollo y que es lo que han pedido desde hace mucho tiempo los nacionalistas. En ese referéndum pactado evidentemente podrían participar todos los catalanes independientemente de sus opiniones. Nadie ha dicho que sólo pudieran votar las personas independentistas. Meter un papel en una urna no debería ser ilegal en una sociedad del siglo XXI, pero así estamos en este país.

            Por cierto, yo no soy independentista, pero creo en el derecho a decidir. No puedo estar de acuerdo con la posición del gobierno cuando una mayoría social pacífica está a favor de un referéndum pero no se la escucha, ni se le da alternativa más allá de ‘la ley dice esto’ y como esto es lo legal, pues está bien y punto. Y sobretodo estoy harto de la inacción e incapacidad del Gobierno del estado de proponer una solución política dialogada al conflicto más allá de escudarse en jueces y policías, con la única consecuencia de empeorar la situación.

            Sí que ha sacado usted rápido la comparación con Hitler, pensaba que tardaría un poquito más. En fin.

  2. Carlos López
    Carlos López 10-23-2017

    Yo creo que es justo al revés. Se está defendiendo la legalidad (el 1-O no hubo referéndum), no se acepta que los políticos hagan DUIs…) sin entrar al trapo. Sin agresividad, de una forma asertiva. Es el nacionalismo quien se está mostrando irresponsable, radical y antisistema (huida de empresas, aislamiento internacional, provocador y manipulador…)

    Nacionalismo manipulador y respuesta asertiva
    http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/nacionalismo-manipulador-y-respuesta.html

    Y el relato final no nacionalista no es superficial y meramente publicitario. Todo lo contrario. Propaganda son los prejuicios nacionalistas (nos roban, nos oprimen, somos un pueblo con un destino…). Y a eso se está contraponiendo modernidad y democracia (haz lo que quieras, pero dentro de la ley y respetando a quien piensa distinto).
    Un relato que justificará una segunda transición en Cataluña. De liberación de prejuicios, de liberación del nacionalismo obligatorio.

    Emociologías: una 2ª Transición para Cataluña
    http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/emocioogias-una-2-transicion-para.html

    • anna
      anna 10-23-2017

      Con nacionalismo te refieres al Catalan o al Espanol?

      • Carlos López
        Carlos López 10-23-2017

        A mi modo de ver, no hay nacionalismo español (no significativo, con representación parlamentaria…)

        Tal y como yo lo veo (http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/diario-octubre-2017.html – 16 oct), se podría plantear lo siguiente:
        – Patriota: aquel que quiere a país, a su bandera.
        – Nacionalista: aquel que tiene prejuicios hacia algunos países, que rechaza a otras banderas.
        Con ese planteamiento me encuentro con unos partidos que no dudan en portar todas las banderas oficiales (PP, PSOE, Cs) y otros que rechazan alguna, la de España en concreto (partidos nacionalistas y Podemos)

        Según ese esquema, si bien todos pueden presentar la faceta patriota, sólo los partidos nacionalistas y Podemos muestran la faceta nacionalista, la excluyente. Que es la que realmente me parece preocupante.

  3. Manuel Vallejo
    Manuel Vallejo 10-23-2017

    “Raso y corto, les comparto un la entrevista que hoy VilaWeb 23.x. 2017 publica con Josep M Bricall,
    https://www.vilaweb.cat/noticies/josep-maria-bricall-tarradellas-es-aixo-presentar-batalla-on-pots-guanyar/
    NOTABLE LA PREGUNTA Y RESPUESTA FINAL :
    PREGUNTA DE VilaWeb —Sense Rajoy no seríem on som?
    Resposta de JM. Bricall “—La Unió Europea ja el tenia per ximple. Ara el deuen tenir per ximple integral. Amb tot això que fa en aquests moments. Ho ha provocat tot ell. Rajoy. La variable independent és Rajoy. Ha generat independentisme. Ell sempre explicava que a Espanya l’únic camí que tenim per guanyar és fer-nos respectar, i fer-nos donar les raons que ens convinguin a nosaltres, i ells vegin clara. Presenta batalla on pots guanyar. Això és Tarradellas.””

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