El batacazo electoral del UKIP: las claves

Las elecciones británicas han plasmado un sonado hundimiento del Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP (United Kingdom Independence Party). De este modo, una formación que desde 2014 pareció consolidar un espacio político propio se ha hundido en las urnas, al obtener un 1.8% del voto este 8 de junio.

Una trayectoria ascendente y espectacular

Ello sorprende, en la medida que el UKIP ganó las elecciones europeas de 2014 (captó el 26.7% del voto total) y fue la formación de derecha populista más votada de la UE. La magnitud de sus resultados solo fue comparable a los del Frente Nacional de Marine Le Pen, que también ganó los comicios en Francia con un más que abultado resultado (24.8%).

Asimismo, en los comicios legislativos de 2015, el UKIP acaudillado por su histórico líder Nigel Farage, logró un 12.6% del voto total y quedó en una tercera posición que esperanzó a sus seguidores. A continuación, marcó el debate del Brexit con sus temas (antieuropeísmo, inmigración), compartiendo sus posiciones un amplio sector del Partido Conservador. De este modo, cuando el “leave” se impuso en el plebiscito sobre la permanencia del país en la UE en junio de 2016, el partido emergió -con razón- como un vencedor.

Sin embargo, las prometedoras expectativas de voto que sugerían tales avances han dado paso a los paupérrimos resultados apuntados. Llegados aquí se impone una pregunta obvia: ¿Por qué se han producido? Como es habitual, en desastres de tal magnitud confluyen varios elementos que apuntamos a continuación.

1. El triunfo del Brexit marcó su éxito, pero también una inflexión

Debemos recordar que esta formación se constituyó en 1993 con un tema fundacional claro: el abandono de la UE por parte de Gran Bretaña. Sus orígenes radicaron en la Liga Anti-federalista, creada dos años antes y cuya meta era oponerse al Tratado de Maastricht. No obstante, el UKIP solo alcanzó gran visibilidad en los comicios europeos de 2004, cuando efectuó un “fichaje estrella” como candidato: Robert Kilroy-Silk, un académico que había sido diputado laborista y disponía de un programa propio en televisión.

Entonces la campaña del partido tuvo una cobertura mediática espectacular y captó un 16.1% de los votos y 12 escaños. Sin embargo, Kilroy-Silk dejó la formación el año siguiente para fundar otra, Veritas. No obstante, su fugaz paso por el UKIP lo hizo emerger de la marginalidad. En este aspecto, es útil y recomendable para conocer la historia del partido, sus apoyos y bases electorales el trabajo de Robert Ford y Matthew Goodwin Revolt on the Right (2014).

Desde entonces el UKIP se consolidó como opción útil en las elecciones europeas: en las de 2009 captó el 16.6% y obtuvo 13 escaños y en las de 2014 alcanzó su éxito mencionado. En este escenario, el problema que planteó el triunfo del Brexit fue la necesidad de proceder a una reinvención ideológica, al ser el UKIP un partido monotemático o un single issue party (su único mensaje central y esencial era el rechazo a la UE). Al vender su mercancía con éxito, su fondo comercial se agotó sin tener una oferta alternativa para nuevas lizas electorales.

2. El giro populista del partido conservador bajo el liderazgo de Theresa May

A esta situación se sumó un cambio importante de la escena política. Como ya informamos en su momento, el Partido Conservador, en octubre del pasado año y bajo el entonces flamante liderazgo de Theresa May, tomó como eje de su mensaje el Brexit y realizó un giro populista de cariz lepenista.

Asumió así un nacionalismo radical garantista para los británicos, capaz de erosionar a la vez al UKIP (al disputarle su tema estrella, el anti-europeísmo) como al laborismo (al priorizar a los británicos en el mercado de trabajo ante la inmigración). Entonces May afirmó querer alzarse “contra la visión cosmopolita de las élites, contra el espíritu libertario de la derecha y el socialismo de la izquierda”.

En los comicios ahora celebrados esta fórmula se ha mostrado efectiva ante un UKIP desballestado, pero no frente al laborismo dirigido por Jeremy Corbin, que -contra los pronósticos iniciales- ha mostrado un inesperado músculo electoral.

3. La falta de un liderazgo sólido

Otro problema sumado a los anteriores ha sido que el UKIP ha concurrido a los comicios sin un líder consolidado y carismático. En 2016, tras el triunfo del Brexit, Farage dejó su dirección y surgieron importantes tensiones. Como explicó Carlos Fresneda en El Mundo (28/XI/2017), le sucedió primero Diane James, que dimitió poco después y afirmó que el partido era “ingobernable”. Entonces el candidato predilecto de Farage era Steven Woolfe, pero quedó fuera de la carrera tras una vistosa pelea en Estrasburgo con un compañero. Finalmente, el líder escogido por amplia mayoría y con apoyo de Farage fue Paul Nuttall, supuesto “candidato de la unificación”, pues debía “sellar una tregua entre las distintas facciones” (Nuttall había competido con dos rivales: Suzanne Evans y John Rees-Evans).

Pero Nuttall, señala Fresnedo, al margen de obtener los pobres resultados apuntados, ha sido derrotado en una plaza significativa, Stoke. La urbe es considerada la “capital” del Brexit porque en este un baluarte laborista de más de 250.000 habitantes el 70% de la población optó por el “leave”.

Tras los resultados electorales, Nuttall ha dimitido, manifestando que el Brexit ha sido “víctima de su propio éxito” y que ahora el partido deberá elegir a otro líder para “redefinir” sus metas: “Debe empezar una nueva era con un nuevo dirigente”, ha afirmado.

4. La “mala prensa” del partido

A lo expuesto debe sumarse que el UKIP ha protagonizado en los últimos meses un flujo informativo negativo por sus pugnas internas, la mencionada pelea de Estrasburgo y, además, ahora su exlíder Farage es considerado “persona de interés” por el FBI en el marco de la investigación sobre Trump y sus nexos con Rusia. La causa es un relevante juego de relaciones: “Si triangulas a Rusia, WikiLeaks, [Julian] Assange y [Donald] Trump la persona que emerge con más puntos es Farage”, afirmó un investigador a The Guardian.

Conclusión: si “Brexit es Brexit”, el UKIP puede devenir de nuevo marginal

En este complicado panorama debe tenerse en cuenta que cuando Gran Bretaña deje la UE el UKIP quedará sin cobijo parlamentario alguno. Ello obedece a que no tiene presencia en la Cámara de los Comunes y su gran tribuna institucional es el Parlamento Europeo. Allí Farage capitanea un grupo parlamentario, la Europa de la Libertad y la Democracia directa, con 48 diputados (24 son del UKIP).

En esta tesitura, la formación desaparecerá de Estrasburgo al dejar Gran Bretaña la UE y no concurrir a nuevas elecciones. Entonces el UKIP no solo puede perder visibilidad política y mediática, sino también los ingresos de su presencia parlamentaria reporta. La expresión “morir de éxito”, como ha apuntado Nuttall, puede cumplirse de forma literal.

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