Barómetro CIS: a un año para que falte un año

El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de abril ha certificado que el PP mantiene su caída; de hecho, imprime una marcha más a lo que parece ya un despeñamiento. El caso Cifuentes explica que en el último trimestre los populares hayan perdido el doble de voto fiel si lo comparamos con los trimestres precedentes. En conjunto, el Partido Popular se ha dejado casi dos millones de voto en un año, a un ritmo constante de 100.000 al mes salvo entre enero y abril de este año, período durante el cual ha cedido unos 200.000 votos mensuales. No hay ni un solo indicador positivo para el PP.

El gran beneficiado del mal momento de los populares es, por supuesto, Ciudadanos (C’s). Los de Rivera van como un tiro, tal como apuntaban las encuestas publicadas con anterioridad. Según el barómetro del CIS, el PP cedería a C’s 1,3 millones de votos, es decir, un millón más que hace un año. La progresión de este trasvase de voto es el anverso del debilitamiento del voto fiel popular.

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Además, C’s sigue siendo capaz de atraer a antiguos votantes del PSOE (unos 400.000 en este sondeo), e incluso alguno de Podemos. Los de Rivera no sufren ningún rasguño de importancia en su voto de 2016.

En la izquierda parece reinar una cierta atoníao. Más allá del trasvase a Ciudadanos, los mayores movimientos se producen camino de la abstención y del ‘no sabe todavía’. Casi 2,5 millones de votantes de PSOE y Podemos dicen optar por esas posiciones, lo que da una idea de la poca competencia que se produce en este espacio, sobre todo en comparación de lo que pasa en la derecha.

De seguir las cosas como apunta el CIS, nos vamos directos a un escenario de confrontación total entre PP y Ciudadanos por la victoria en las próximas generales, con PSOE y Podemos en el papel de comparsas, aspirantes a la segunda plaza en el mejor de los casos.

De todos modos, las elecciones generales están previstas para dentro de dos años, un tiempo suficientemente largo como para no dar todo por sentado, aunque mucho deberían cambiar las cosas para abrir el abanico de resultados posibles.

Los dos años que nos quedan hasta las elecciones generales (si no se adelantan) son, en realidad, un año y un año más. El barómetro de abril marca el inicio de la cuenta atrás para la primera vuelta de estas generales: las elecciones municipales, parcialmente autonómicas y europeas de mayo de 2019. Este superdomingo definirá las posibilidades de las diferentes formaciones políticas, y es posible que algunas ya queden entonces descartadas de la lucha final.

Los datos del CIS señalan dos segmentos de voto que serán claves en este año que falta para la primera vuelta electoral.

Por un lado, el gran contingente de votantes del PP que se ubican en la indefinición (1,2 millones). Ellos van a tener la clave para decidir si su partido sale vivo de las municipales o se hunde irremisiblemente en el fango, lo que le impediría remontar el vuelo para las generales. Si este grupo se acaba desplazando a Ciudadanos, a los populares les va a ser muy difícil obtener una prórroga y podría muy bien ser que los comicios generales se acabaran adelantando al otoño de 2019, o incluso al verano si el descalabro es mayúsculo.

En cambio, si estos votantes se mantienen fieles, Mariano Rajoy podría ganar tiempo, quién sabe si dar paso a una nueva presidenta o presidente (en España no es necesario ser diputado para presidir el Consejo de Ministros) y aprovechar el año que queda hasta las generales para intentar remontar el vuelo.

Este parece ser el escenario hacia el que apunta la estimación del CIS, que sitúa al PP en primer lugar.

Con la aportación de este segmento, los populares podrían aspirar a jugarse la victoria en 2020 contra C’s con ciertas expectativas de quedar primeros. La clave va a estar en los próximos meses, que decidirán si definitivamente han entrado en barrena o si son capaces de enderezar el rumbo descendente.

El otro segmento de voto capaz de modificar el escenario es el contingente de votantes de PSOE y Podemos que hoy parecen más cercanos a la abstención. Esta izquierda desmovilizada puede tener la clave para decidir si las elecciones son cosa de dos (PP y C’s) o si se abren a más competidores. Aquí también las elecciones municipales serán decisivas.

El problema para la izquierda es doble. Por un lado, la pugna en la derecha centra toda la atención, de manera que las fuerzas de la izquierda quedan totalmente opacadas, y eso se extiende a sus propuestas. Cuando la discusión se centra en la defensa de la unidad de España, las propuestas de política social (incluso con la marea pensionista en las calles) aparecen como algo extravagante.

El otro problema son las expectativas. Esa parte del voto de la izquierda que no se siente motivado no ve en el PSOE o en Podemos posibilidades reales de competir por la victoria, de manera que se desanima. Es un círculo vicioso. Los votantes no votan porque no ven a los partidos con posibilidades de ganar. Y los partidos no tienen posibilidades de ganar (según las encuestas) porque sus votantes no les votan.

Queda un año para la primera vuelta. Nada está decidido, pero no todo parece ya posible.

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