Balance de fin de ciclo: los nacionalistas siguen teniendo la llave

Si no fuera porque estamos pendientes de si hay o no hay terceras elecciones generales por Navidad (e ignorando el calendario catalán que va a su bola)  con las elecciones vascas y gallegas de este pasado domingo debería darse por cerrado el ciclo electoral que se inició con las elecciones europeas de 2014.  Y pase lo que pase  en estas terceras elecciones,  si es que las hay,  a día de hoy ya se puede hacer  balance de lo que ha cambiado desde 2014 y de cual es la situación en la que han quedado los partidos tras al terremoto.

En primer lugar los dos viejos grandes partidos han retrocedido en este ciclo electoral aunque la magnitud de su retroceso ha sido bastante diferente.  El PP, teniendo en cuenta que el anterior ciclo electoral (2009-2012) había sido mejor de su historia,  previsiblemente debía retroceder,  más teniendo en cuenta  su responsabilidad en la gestión de la crisis y los escándalos de corrupción en los que se había implicado. Y así lo hecho en casi todas las arenas a pesar de haber demostrado tener suelo electoral muy elevado  y  una notable capacidad de regeneración habida cuenta de que en las últimas elecciones celebradas, las generales de junio y al  menos las gallegas,  ha experimentado una ligera remontada que le permite seguir optando al gobierno de España y mantener el gobierno en solitario en Galicia. Y todo ello sin un excesivo desgaste interno y sin apenas contestación al liderazgo de Mariano Rajoy. El PSOE, en cambio,  desde 2014,  y si se quiere desde 2009,  no ha dejado de retroceder con independencia de cual fuese la arena electoral en la que se jugaba  y a pesar de que los acuerdos que le han permitido mantener y/o recuperar el poder algunas CCAA o municipios pueden haber maquillado la debacle.  Este partido,  no hay que olvidarlo,  empezó el ciclo liderado por Alfredo Pérez Rubalcaba que dimitió tras el primer fracaso tras las europeas de 2014 y siendo relevado a precario por Pedro Sánchez,  quien no ha logrado superar el doble reto de levantar el vuelo de partido y  de conseguir unidad interna.  Más bien todo lo contrario, el PSOE sigue retrocediendo como se ha visto en las elecciones vascas y gallegas y Pedro Sánchez, a quien sorprendentemente se la atribuye en solitario la responsabilidad del retroceso, está siendo fuertemente contestado hasta el punto de que se acaba de anunciar una precipitada convocatoria de primarias para finales de mes y un congreso en diciembre, posiblemente a las puertas de las elecciones

En segundo lugar ha quedado confirmado que los nuevos partidos han entrado con ímpetu en todos los ámbitos y que se han convertido en la mayoría de casos  en fuerzas imprescindible para garantizar la gobernabilidad.  Tanto Ciudadanos como Podemos han ganado ya que partían de cero, pero también han sufrido oscilaciones en sus resultados y con el fin de ciclo han dejado entrever sus limitaciones. Podemos  además de las diferencias en cuanto a la estrategia en el conjunto de España que también afectan a su liderazgo  debe hacer frente a la gestión de la pluralidad de sus confluencias. Mientras que Ciudadanos,  por su parte,  ha constatado sus límites de crecimiento allí donde el PP es fuerte y donde la fractura nacional no está polarizada. Pero de momento y pese al retroceso en las generales de junio y al notable fracaso en Galicia y Pais Vasco donde no han logrado ni un solo escaño ni la unidad interna del partido ni el liderazgo de Rivera parecen estar amenazados.

En tercer elemento a tener en cuenta es la práctica desaparición de los pequeños partidos de ámbito estatal.  IU, prácticamente ha sido engullido por Podemos e UPyD tras haberse resistido a llegar a un acuerdo ha sido arrollado por Ciudadanos.  Los pequeños partidos que en 2013 aspiraban tal y como auguraban las encuestas a ser los grandes beneficiados del desgaste de los grandes partidos han sido incapaces de resistir la embestida de la nueva política y subsistencia en solitario está muy amenazada.

Y en último término destaca la desigual suerte que han corrido los partidos de ámbito no estatal. Algunos partidos como Compromís o ERC se han visto claramente reforzados,  otros como el PNV han tenido resultados distintos en función de las arenas,  retrocediendo o estancándose en las generales y creciéndose en las autonómicas,  mientras que  otros como CDC, el BNG,  por no hablar de la casi extinta Unió,  han retrocedido en todos los ámbitos.  Todos ellos afrontan retos distintos.  Compromís, más allá de su siempre delicada situación interna fruto de su naturaleza como alianza debe gestionar sus relaciones con Podemos.  ERC por su parte  debe administrar su papel en el proceso catalán y sus complicadas relaciones con CDC.  El PNV,  con clama interna,  debe decidir con quien gobierna en Euskadi y su papel en España. El BNG , por su parte debe afrontar su debilitamiento y hacer frente a la competencia de En Marea mientras que la ex CDC debe decidir si vira como en su día hizo el PNV  o si mantiene la hoja de ruta que la ha llevado al desastre de acabar con CiU, con UDC y casi con ella misma.

Muchas cosas han cambiado en este ciclo electoral,  unos se han ido y otros nuevos han llegado, pero tras el terremoto básicamente lo que queda, como reza el dicho,  es que de allí donde antes comían dos ahora comen cuatro.  Si antes el reparto era entre PP y PSOE ahora han de compartir con Posemos y con Ciudadanos. Pero lo que el temblor no ha alterado es que los nacionalistas siguen teniendo la llave de la gobernabilidad en España.  Otra cuestión es que les quieran y que ellos quieran usarla.

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