Austria: cuatro cosas que conviene saber sobre los resultados electorales

El 15 de octubre, unos cinco millones de austríacos fueron a las urnas para elegir al próximo Nationalrat (Consejo Nacional). Los resultados preliminaries, con proyecciones de voto por correo, muestran un claro ganador. El centro-derecha Partido Popular Austríaco (ÖVP) logró una mayoría relativa, del 31,6%, que es significativamente más amplia que la de la elección anterior de 2013 (+7,6). El líder del partido, el ministro de asuntos exteriores de 31 años Sebastian Kurz probablemente se convertirá en el nuevo canciller. Cabe destacar que es solo la segunda vez desde 1966 en que los Socialdemócratas (SPÖ) no son la fuerza más votada.

Los resultados preliminaries predecían que el actual canciller del SPÖ Christian Kern obtendría con seguridad el segundo lugar, terminando tan solo con el 26.9%, resultado similar a su registro más bajo desde 2013 (+0,1). La extrema derecho del Partido de la Libertad se situaba en el 26%, aumentando sustancialmente su porcentaje de voto (+5.5). Antes de que Kurz se hiciese cargo del centro-derecha en mayo de este año, las encuestas habían situado al FPÖ claramente en primer lugar.

Los Verdes (3,9%), con la única mujer líder de un partido austríaco grande, están en riesgo de no sobrepasar el 4% de barrera electoral, a la espera de conocer los resultados finales el jueves. Sin embargo, la lista de Peter Pilz, un renegade del Partido Verde, parece haber pasado la barrera (4,3%). El liberal amigable con el mundo de la empresa NEOS logró su segunda entrada consecutiva en el Nationalrat (con el 5,1%). La participación fue del 79,5%. La figura que se presenta a continuación representa las proyecciones preliminares.

Figura: proyecciones de resultados de las elecciones austríacas de 2017

Nota: Son proyecciones tempranas anunciadas poco después de la finalización de la votación y que han podido cambiar. Fuente: ORF y SORA

¿Cómo se llega a estos resultados, y qué consecuencias tienen para el futuro de Austria? Estas son cuatro cosas que hay que saber sobre el desplazamiento a la derecha en uno de los países más prósperos de la UE.

1. Un desplazamiento a la derecha – no solo a la sombra de la “crisis de los refugiados”

La intensificación de la “crisis de los refugiados” en Europa es un factor contextual importante para comprender el voto austríaco. Sin embargo, inmigración e integración han sido ya temas importantes desde mucho antes. El ascenso del FPÖ en la década de 1990, bajo el liderazgo de Jörg Haider transformó la política doméstica. En 2000, el primer gobierno ÖVP-FPÖ condujo a, en palabras de la propia coalición, “sanciones” por parte de otros miembros de la UE. Durante décadas la política convencional ha estado tratando de encontrar respuestas eficaces al adversario de derecho radical.

Desde la segunda mitad de 2015, sin embargo, los asuntos de inmigración e integración se han vuelto incluso más relevantes para muchos votantes y partidos. Austria estuvo entre los países de la UE con un mayor número se solicitudes de asilo en 2015 y 2016. En el punto máximo más de la mitad de los austríacos se referían a la inmigración como uno de los principales temas a los que se enfrentaba el país. A inicios de 2017, este número era significativamente más bajo (entre 30 y 40%), pero todavía sustancialmente mayor que entre 2005 y 2015.

Muchos individuos y grupos en Austria apoyaron de forma activa a los inmigrantes recién llegados. Al mismo tiempo, una encuenta de Chatam House conducida en diciembre de 2016 y enero de 2017 halló que el 65% de los respondientes austríacos estaban de acuerdo con la afirmación “Cualquier nueva migración desde países mayormente musulmanes debe ser parada”, una demanda más radical que la Muslim Ban de la adminsitración Trump. En esta encuesta, la supuestamente liberal Alemania tenía 53% de respuesta similar.

Dado este contexto, no parece sorprendente que la derecha radical austríaca, que obtuvo buenos resultados particularmente entre los jóvenes, los hombres y los trabajadores, continúe siendo electoralmente existosa. Lo que resulta más interesante es que el centro-derecha se las haya arreglado para obtener el resultado logrado, aumentando significativamente su popularidad, tras figurar en las encuestas solo de terecera a principios de 2017. Cuando Kurz tomó las riendas, el centro-derecha subió inmediatamente en torno a un 10%. La principal razón fueron sus posiciones sobre inmigración e integración.

Kurz reivindicó la reducción de la inmigración a Europa mediante el cierre de la ruta de los Balcanes en febrero de 2016, poco después del acuerdo entre la UE y Turquía. Más allá de esos esfuerzos antiinmigración, el ÖVP ha presionado por una Burqa ban. Aunque el ÖVP no ha tenido un enfoque liberal sobre inmigración e integración en el pasado, el énfasis con el que colocó la inmigración y la integración en el centro de los programas de los partidos fue verdaderamente novedoso. La estrategia de socavar la propiedad de estos asuntos al FPÖ report al centro-derecha ganancias electorales significativas, al menos este año.

Para el 42% de los votantes del ÖVP, Kurz era la principal razón de su elección, sustancialmente más que en el caso de los líderes candidatos del SPÖ y el FPÖ. Sin embargo, la importancia de la redefinición del ÖVP por parte de Kurz como un “nuevo” Partido Popular y la personalización del movimiento, enfatizada por muchos observadores, probablemente tuvo un impacto menor que sus posiciones políticas.

2. El fracaso de la izquierda

Para la izquierda austríaca, la elección fue un revés importante. Los socialdemócratas han ocupado el poder durante 40 de los últimos 47 años, con frecuencia asumiendo la cancillería. Esto va a cambiar con mucha probabilidad. Mientras tanto, los Verdes celebraron la llegada a la presidencia del anterior líder de su partido Alexander Van der Bellen. Quizás ahora no lo consigan en el Parlamento.

La transformación y la crisis de la izquierda europea tienen muchas causas importantes de largo-plazo que se reflejan en todas partes, desde cambios en el tamaño y la composición de las clases media y trabajadora, a las dificultades impuestas por la integración europea, y el reto de encontrar respuestas a la inmigración que garanticen los derechos humanos y la dignidad de quienes se mueven y al mismo tiempo sean atractivas para mayorías electorales. No obstante, a pesar de estos asuntos de largo plazo, la derrota electoral de la izquierda austríaca no era inevitable.

En los pasados dieciocho meses, el SPÖ perdió varias oportunidades de convocar elecciones anticipadas cuando el ÖVP impidió una cooperación más eficaz de la Gran Coalición. Cuando Kurz tomó la iniciativa, fue demasiado tarde para el SPÖ. Durante la campaña electoral, el canciller Kern fue penalizado por malas decisions estratégicas e, incluso más que Martin Schulz en Alemania, asesores que acabaron con sus opciones electorales. El partido estuvo en el centro de una serie de polémicas, aunque curiosamente los escándalos no produjeron un daño similar en el ÖVP. Algunos gurús austríacos de izquierda continúan viendo a Kern como una persona con talento que no dio de sí todo lo que podía, pero un reto futuro para el partido será el envejecimiento de su base electoral.

Los Verdes austríacos han sido recientemente los representantes de su familia de partidos con más éxito en Europa Occidental. Sin embargo, ya durante la campaña presidencial del año pasado, el partido estuvo notablemente ausente en el impulso de su propia agenda, sin atreverse a poner en riesgo la elección de Van der Bellen. Después de eso, las controversias intrapartidarias emergieron, entre otras las relacionadas con las acciones del partido a nivel regional y el trato a sus activistas jóvenes.

Ya cayendo en las encuestas, los Verdes tuvieron que gestionar otro golpe a principios del verano, cuando Peter Pilz, una de sus anteriores figuras clave, dejó el partido. En ausencia de una fuerza política exitosa de izquierda radical en Austria, con la excepción importante de los comunistas en Graz, Pilz formó su propio partido, siguiendo una agenda que definió como “populismo de izquierda”. Pilz combina una agenda socioeconómica de izquierda con críticas pronunicadas a posiciones liberales sobre inmigración e integración. Otros individuos de su lista, como renegados verdes y socialdemócratas, se aproximan más a la agenda típica de los partidos de izquierda radical actuales en Europa. Mientras que los Verdes parecen haber perdido votos hacia partidos muy diferentes, el destino de la Liste Peter Pilz seguramente afectará a sus resultados electorales futuros.

3. La coalición de gobierno futura

Al ÖVP se le presenta hora una difícil elección. El partido puede liderar dos coaliciones diferentes de dos partidos. Una opción es continuar en una Gran Coalición, en esta ocasión con el SPÖ como socio junior. La otra, y de acuerdo con muchos gurús más probable, es una coalición ÖVP con la derecha radical. Un gobierno en minoría dirigido por el ÖVP parece menos probable; sería atípico en la política austríaca.

Para esta elección, el SPÖ no excluyó formar un gobierno nacional con el FPÖ, lo que antes habría sido imposible para el SPÖ nacional. No está claro si el SPÖ asumirá las tensiones internas que causaría este movimiento en el caso de que el FPÖ les prefiriese a ellos antes que al ÖVP. Si la derecha radical entra en la próxima coalición, uno de sus principales objetivos será evitar la repetición de su declive electoral y de su división en anteriores etapas de gobierno.

Finalmente, el president Van der Bellen será quien sufra. Personalmente, sus simpatías hacia los gobernantes de derecha radical son muy limitadas. Sin embargo, no parece probable que intente actuar como veto player. En 1999/2000, el entonces presidente Thomas Klestil, un conservador valiente, ilustró los obstáculos que surgen a la hora de intentarlo. Al final, lo único que pudo hacer fue rechazar el nombramiento como ministros de dos politicos del FPÖ, presionar por un preámbulo proeuropeo en el acuerdo de coalición, y poner cara seria en la ceremonia de toma de posesión. En la formalmente semipresidencial Austria, el Nationalrat ha determinado la formación de gobierno, un patrón que no parece probable que vaya a cambiar.

4. Resultados probables en las políticas públicas

Algunas de las principales consecuencias del voto están relacionadas con las políticas económicas y sociales y la inmigración e integración. No obstante, la expansión de la democracia directa puede ser otra consecuencia política importante. Aunque la agenda completa dependa fuertemente, por supuesto, de la futura coalición de gobierno, hay algunas señales de su probable trayectoria.

Dirigentes politicos del FPÖ han enfatizado el fortalecimiento de los instrumentos de democracia directa como condición de su participación en el gobierno. Como modelo, apuntan el sistema politico suizo, al igual que otras fuerzas políticas de derecha radical contemporáneas. En igual o inferior medida, muchos otros partidos y grupos de la sociedad civil, con los Socialdemocrátas siendo quizás menos entusiastas, se han mostrado recientemente a favor de extender la democracia directa en Austria. A pesar de las importantes implicaciones de estas demandas, los periodistas y opinadores apenas las han debatido.

En materia de inmigración, no solo el ÖVP y FPÖ, sino también el liderazgo del SPÖ, están de acuerdo con que la ruta del Mediterráneo debe permanecer ahora cerrada, una demanda asociada a Kurz. Estas afirmaciones no son muy distintas a las de algunos otros gobiernos de Europa Occidental retóricamente más liberales. Sobre integración, algunas propuestas de políticas del ÖVP y el FPÖ representan casos de libro de texto de “chovinismo de bienestar”: ambos apoyan la reducción de las transferencias sociales mínimas a demandantes de asilo reconocidos, por ejemplo. Mientras que el chovinismo de bienestar se entiende, o malentiende, a menudo como asociado a un giro hacia la izquierda en lo económico de los partidos de derecha radical, el FPÖ presentó en las elecciones de este año un programa económico particularmente neoliberal.

Esto ultimo es del gusto también del ÖVP. El partido hizo campaña a favor de una reducción sustancial del gasto público. En la cruzada de Kurz por hacer una Austria más “competitiva”, una iniciativa promovida por su ministro de exteriores, irónicamente políticas de la coalición rojjiverde de Schröder en Alemania, como la liberalización del mercado laboral y los recortes impositivos a las empresas, se presentan como “ideas de éxito”. Siendo poco enfatizadas en el debate público, las políticas económicas en Austria se moverán a la derecha, especialmente si el SPÖ no entra en el gobierno. Más allá de Austria, un nuevo gobierno dirigido por el ÖVP supondrá una nueva dificultad para reforma la eurozona, pese a que a influencia del ejecutivo austríaco en este asunto será menor, como mucho.

Sin embargo, muchos observadores verán con entusiasmo el desarrollo de la política austríaca en los próximos años. Lo que ocurra en el futuro será indicativo del grado en que una coalición de derechas puede transformar los sistemas politicos de Europa Occidental, y de qué respuestas puede ofrecer la izquierda.

La versión original en inglés de este artículo fue publicada el 17 de octubre en el blog EUROPP de la London School of Economics and Political Science.

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