Atrapados en el desempleo

“Cuando un director de recursos humanos te dice que a tu edad, mujer y más de tres años en el paro no volverás a emplearte… es duro”. Éstas son las sinceras e impactantes palabras que me transmitía no hace mucho un buena amiga. Probablemente quien lee estás líneas haya podido escuchar frases parecidas o, incluso, haberlas vivido en primera persona; aunque también habrá quien piense, con toda razón, que de un caso particular no puede deducirse la situación general de un país. ¿Existe un verdadero problema de acceso al empleo para los parados que llevan gran tiempo en desempleo? ¿Es posible la reinserción laboral de quienes superan la cuarentena?

España abandonó la recesión, oficialmente, en el segundo trimestre de 2013. De los siete trimestres que han transcurrido desde entonces, en cuatro ha habido crecimiento neto del empleo, es decir, se han creado más puestos de trabajo de los que se han destruido. Se trata de empleo que ha procedido fundamentalmente del sector servicios (aunque también han contribuido a la mejoría la industria y la construcción), de lo que se deduce el tipo de empleo que se ha creado. Si nos centramos exclusivamente en estos cuatro trimestres resulta que se generaron 465 mil puestos de trabajo temporales y cerca de 140 mil indefinidos, o lo que es lo mismo, en los trimestres de la recuperación en que se ha creado empleo neto, dos tercios de los puestos de trabajo fueron temporales y sólo uno indefinidos.

De ahí se deduce que si el empleo que se está creando es fundamentalmente temporal, éste acaben en manos de quienes más sufren la temporalidad. Dos de cada tres Estados miembros de la UE muestran tasas de temporalidad entre los jóvenes que son el doble o más de las del resto de la población, relación que se eleva a cuatro de cada cinco si incluimos aquellos países que sin ser el doble, están muy cerca de esa barrera. En tres Estados de la Unión Europea por cada tres jóvenes con un contrato temporal, encontramos un trabajador adulto con la misma modalidad contractual. En España, en concreto, más de la mitad de los jóvenes que trabajan lo hacen de forma temporal.

Por consiguiente, las oportunidades laborales que se están generando en estos primeros compases de la recuperación son precarias o, más correctamente temporales, siendo los directamente beneficiarios, aunque no sea empleo de calidad, los jóvenes. Esto implica que existe otra cara de la moneda, la de los trabajadores maduros, que ni siquiera tienen hueco en la precariedad.

El siguiente gráfico muestra el porcentaje de trabajadores menores de 25 años y mayores de 45 años respecto del total de parados en 2006 y 2014. Mientras que en el primer caso el número de trabajadores en paro ha disminuido, tanto para el paro general como el de larga duración, en el segundo se ha incrementado de forma notable en ambos casos. Esto significa que el número de parados mayores de 45 años ha crecido de una forma muy importante y que, además, no han encontrado las salidas de otros grupos de edad, ya sea al trabajo (precario) o al regreso a la formación.

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Pero no es sólo que mientras pasa el tiempo tengan unas mayores dificultades para encontrar un trabajo, sino que también tienen más probabilidades de quedar al margen de cualquier tipo de protección social. El siguiente gráfico muestra cómo la tasa de cobertura, es decir, el porcentaje de trabajadores con prestación,  desciende rápidamente a partir del primer año en desempleo. En concreto, desde el momento en que se supera este umbral, en que se considera al trabajador como parado de larga duración, sólo uno de cada tres recibiría algún tipo de subsidio. Transcurridos dos años esa cifra se reduce a algo más uno de cada cuatro; mientras que tan sólo uno de cada cinco parados de larga duración gozan de cobertura cuando llevan más de cuatro años en desempleo.

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Fuente: Informe El mercado de trabajo en España 2013, Fundación 1º de Mayo, pág. 72.

A nadie se le escapa que el reto que tenemos que afrontar como país para superar el drama del paro es de una magnitud inconmensurable. Pero debemos establecer prioridades y, entre ellas, han de estar necesariamente quienes más riesgo corren de quedar en la marginación. Los parados de larga duración y, en particular, lo que tienen una edad avanzada corren el riesgo de quedar atrapados en la trampa del desempleo. A ellos hemos de dedicar nuestros mayores esfuerzos, no sólo para procurarles un rápido retorno al empleo, sino para asegurarles una adecuada protección social mientras esto ocurre. En ellos hemos de dedicar toda nuestra atención y recursos para evitar que la recuperación no les pase de largo, para evitar que queden atrapados en el desempleo.

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