El argumento de la fuerza y sus consecuencias electorales

Las elecciones en Cataluña del pasado 21 de diciembre, las más trascendentes de su historia contemporánea, llegaron en un contexto de estricta excepcionalidad. La represión judicial contra ciertas formaciones y líderes políticos no tenía precedentes en una democracia occidental. Algunos candidatos continúan en la cárcel, otros en el extranjero y, muchos, con procesos judiciales abiertos que han cohibido ideas y discursos. Cabe recordar, además, de dónde venimos. Los comicios se celebraron tan sólo 82 días después del 1 de octubre, la jornada de la extensa y virulenta represión policial que traumatizó a muchos catalanes, sonrojó a algunos españoles y asombró al mundo entero. Pero ¿cuál ha sido el impacto de todas estas circunstancias excepcionales sobre los resultados electorales del 21-D?

En los días que siguieron al 1 de octubre, algunos analistas conjeturaron que la torpeza policial alimentaba al independentismo. La violencia proporcionaba nuevos agravios que podían ser instrumentalizados por los nacionalistas regionales a favor de su causa política. Otros, sin embargo, auguraban que los eventos del 1 de octubre, combinados con el fracaso de la hoja de ruta independentista, podían aumentar una sensación de miedo policial entre algunos independentistas, su percepción de que la independencia es irrealizable y de los costes de continuar con el proceso independentista. Todo junto, podía debilitar al movimiento secesionista, especialmente, en aquellos lugares que vivieron la violencia policial en sus propias carnes.

Siguiendo uno de estos argumentos, algunos medios catalanes publicaron la noticia justo el día después de las elecciones de que “el independentismo crece en aquellos puntos más afectados por la represión policial del 1 de octubre”. La base empírica de la noticia es, sin embargo, de dudosa fiabilidad. De los más de 50 municipios afectados por la violencia policial, y de los 900 en toda Cataluña, la noticia recogía apenas diez casos afectados por la violencia policial y ninguno de los no afectados. Parece imposible, pues, ver el impacto de un fenómeno si uno no tiene en cuenta todos los casos afectados y, aún menos, si no recoge ni un sólo caso de los no afectados por dicho fenómeno. Cherry-picking, o la falacia de la evidencia incompleta, podría estar detrás de la supuesta noticia.

Me dispongo, entonces, a analizar con más detalle el impacto de presenciar la violencia policial sobre el apoyo al independentismo en las elecciones del 21 de diciembre. Para ello, elaboro una base de datos con los 947 municipios de Cataluña con información sobre si hubo intervención policial por parte de la Policía Nacional o la Guardia Civil y datos electorales a nivel municipal en las elecciones regionales de 2015 y de 2017. El gráfico 1 muestra estos datos. A simple vista vemos que en los 57 municipios en donde hubo violencia policial, la media de apoyo a las fuerzas independentistas fue del 64.4%, mientras que el apoyo a estas fuerzas en el resto de municipios catalanes se situó en el 70.2%. Por lo tanto, el apoyo popular a alguno de los partidos independentistas en los municipios que sufrieron la violencia policial fue de un 5.8 por debajo del resto de municipios catalanes. En definitiva, parecería que la teoría del miedo y la frustración pudo haber reducido el apoyo al independentismo en aquellos municipios que sufrieron las actuaciones policiales.

Sin embargo, esta diferencia en el voto no necesariamente sugiere un impacto causal, sino que podrían venir de diferencias permanentes entre aquellos municipios que sufrieron violencia estatal y aquellos que no. ¿Por qué algunos municipios recibieron la visita de la Guardia Civil o la Policía Nacional y otros no? Si el objetivo era desarticular el referéndum, el razonamiento lógico sería pensar que la policía española debería actuar en aquellos municipios más grandes o con una población más movilizada a favor de la independencia. Sin embargo, otro elemento clave es la racionalización de recursos, pues aquellos municipios más cercanos a los cuarteles principales de la Guardia Civil o Policía Nacional, ubicados en las capitales de provincia pueden haber sido seleccionados con una mayor propensión.

Los datos, sin embargo, sugieren que no era la desarticulación del referéndum sino una lógica práctica la que predominó aquel día. Ni la cantidad de población censada, ni la participación en las últimas elecciones y ni tan siquiera el porcentaje de apoyo a los partidos independentistas surgen como factores explicativos en un modelo de los determinantes de la presencia de la violencia estatal a nivel municipal. El único factor con una relación importante y significativa es la distancia a la capital de provincia. Por ejemplo, dos municipios como Avinyonet del Penedès y Bagà, ambos en la provincia de Barcelona, con un tamaño parecido (entre 1,000 y 2,000 en el censo electoral) y con una participación (81.4 vs. 81.8) y apoyo a los independentistas (71.1 vs. 69.0) muy similar en las elecciones de 2015, tienen una probabilidad de haber sido visitados por una comitiva de la Guardia Civil el día 1 de octubre del 6.7%, en el caso de Avinyonet del Penedès, y del 3.8% en el caso de Bagà, es decir, casi la mitad. Esta diferencia se explica simplemente por su ubicación geográfica. Mientras que una comitiva de furgonetas tendría que recorrer 52.7km, algo más de 1 hora en una carretera sin tráfico, para llegar a Avinyonet desde Barcelona, esa misma comitiva tendría que desplazarse 129km, alrededor de 1h y 40 minutos en carretera sin tráfico, para llegar a Bagà desde Barcelona.

La distancia a la capital es el principal factor que podría influir en el vínculo entre recibir una intervención policial en el municipio y voto independentista. Así pues, municipios en el 2017 que recibieron a la policía española pudieron votar menos a partidos independentistas por el miedo que infundió la presencia policial, sino simplemente por su cercanía a capitales de provincia, áreas urbanas en donde los independentistas suelen cosechar sus peores resultados. La forma más sencilla de resolver este problema es, simplemente, tomando las diferencias en el apoyo al independentismo entre 2015 y 2017. Coger las diferencias permite eliminar aquellos factores permanentes, como la distancia del municipio a la capital de provincia, que afectan a ambas variables, violencia policial y apoyo al independentismo. Haciendo esto, vemos que el 64.4% de los votantes en los municipios que sufrieron la violencia policial optaron por una fuerza independentista en 2017, pero esta cifra ya fue de tan solo el 64.0% en 2015. Asimismo, el cambio en el resto de municipios fue del 69.8% al 70.2% en 2015 y 2017, respectivamente. En definitiva, vemos como ambos cambios son idénticos, con un ligero aumento del 0.4% y, en efecto, una diferencia en diferencias de un rotundo 0% (1). Ajustando este valor por el apoyo al independentismo en 2015, la diferencia se mantiene muy cerca de 0% y estadísticamente no significativa (2). El gráfico 2 muestra estos resultados.

Pese a que no hay evidencia sobre un impacto de violencia policial sobre el apoyo al independentismo, sí que pudo haber un efecto en la movilización social. En efecto, el dato de participación electoral en 2017 ha sido del 81.9 por ciento. Una vez más, se trata de una participación histórica que superó ya histórico el 77.4% de 2015. Se podría conjeturar que la violencia estatal pudo tener algo que ver con este aumento tan sorprendente. Una larga línea de investigación en ciencias sociales ha comprobado que aquellas personas y aquellos lugares más afectados por algún tipo de violencia, ya sean atentados terroristas, conflictos bélicos o incluso asaltos personales violentos, suelen movilizarse social y políticamente con más frecuencia (3). A pesar del aumento generalizado de la participación, este aumento no se concentra en los lugares afectados por la violencia policial. El gráfico 3 muestra los cambios que se han producido en 2017 en comparación a 2015 en la participación electoral en ambos grupos de municipios. Mientras que la participación media en los municipios afectados fue del 83.7%, la participación fue del 84.7% en el resto de municipios no afectados, lo cual significa una diferencia negativa de un punto porcentual en áreas afectadas por la violencia.

Como se ha argumentado anteriormente, estas diferencias podrían existir si hubiera un efecto negativo de la violencia policial, pero también como resultado de diferencias permanentes entre los dos grupos de municipios o simplemente un proceso aleatorio. Cogiendo las diferencias para eliminar las diferencias permanentes, vemos que en los municipios con violencia la participación aumentó un 3.7%, pasando del 80.0 en 2015 al 83.7% en 2017, pero también lo hizo en el resto de municipios con un incremento medio en la participación del 2.9%, pasando del 81.9% al 84.7%.  El gráfico 4 muestra los cambios en el apoyo al independentismo según los distintos modelos de cambios. Aunque la diferencia en los cambios sea del 0.8%, cuando esta diferencia se ajusta por el nivel de participación en 2015, entonces se reduce aún más al 0.3% y se confirma que la diferencia es sustantivamente pequeña y no estadísticamente significativa (4).

Esto no significa que el 1 de octubre no haya tenido una influencia en las elecciones, sino que, de haberlo, éste no ha sido especialmente importante en aquellos lugares que presenciaron la represión policial con sus propios ojos. Hay dos principales razones que pueden explicar la no relación. Por un lado, la potencialidad para un efecto boomerang de la violencia policial es limitada dado el tipo de represión policial. El 1 de octubre se reprimió a aquellos individuos en colegios electorales y que, por lo tanto, ya estaban movilizado a favor de la independencia. Lógicamente, no hay margen para su radicalización en aquellos que ya están claramente movilizados y decantados hacia una posición.

Por otro lado, las redes sociales y medios de comunicación de masas implican que los efectos de la violencia policial localizados en un punto geográfico no tienen ya impacto sólo en aquellos que lo presencian directamente sino por todos aquellos que lo presencian telemáticamente en las redes y los medios. Por lo tanto, la aparente falta de un impacto localizado en aquellos puntos afectados podría esconder un efecto global en todo el territorio que pase desapercibido en los análisis a nivel municipal. En todo caso, más investigación se requerirá para esclarecer por qué no hay un impacto cuantitativo de la violencia estatal en aquellos lugares que la presenciaron en su misma localidad. Hasta entonces, concluimos que el apoyo al independentismo y la participación crecieron con una magnitud parecida en aquellos municipios que recibieron la intervención policial por las fuerzas españolas y aquellos que no.

(1) Tras realizar algunos análisis más sofisticados en los que, por ejemplo, se ha asegurado que la muestra sólo contenga municipios con características similares antes de la violencia policial, se puede ver que los resultados con cambian sustantivamente. Así pues, el impacto de la violencia policial sobre el apoyo al independentismo no se puede distinguir de 0 a nivel estadística y, a nivel cuantitativo, se sitúa muy cerca de 0. Detalles sobre los distintos modelos y resultados pueden leerse con más detenimiento en el documento de trabajo “Batons and Ballots: The Effectiveness of State Violence in Fighting Against Nonviolent Secessionist Movements”.

(2) El ajuste por el valor inicial es necesario porque el nivel de apoyo al independentismo en 2015 puede estar vinculado al subsiguiente incremento entre 2015 y 2017. Evidentemente, un municipio con un apoyo a la independencia del 90% ya en 2015 tiene poco margen de subida comparado con otro en donde los independentistas hubieran conseguido un 10% de los votos en 2015. El ajuste asegura que la comparación se realiza entre municipios con un nivel de apoyo al independentismo similar en 2015.

(3) Véase, por ejemplo, Blattman, Christopher. 2009. From violence to voting: War and political participation in Uganda. American Political Science Review 103(2): 231-247; Robbins, Joseph, Lance Y. Hunter, & Gregg R. Murray. 2013. “Voters versus Terrorists: Analyzing the Effect of Terrorist Events on Voter Turnout.” Journal of Peace Research 50(4): 495-508; Gilligan, Michael J., Benjamin J. Pasquale, and Cyrus Samii. 2014. “Civil war and social cohesion: Lab‐in‐the‐field evidence from Nepal. American Journal of Political Science 58(3): 604-619; o, Barceló, Joan. (n.d.) “The Long-Term Effects of War Exposure on Civic Engagement: Evidence from the Vietnam War“. 

(4) El ajuste por el valor inicial es necesario porque la participación en 2015 puede estar vinculado al subsiguiente incremento entre 2015 y 2017. Evidentemente, un municipio con una participación del 90% ya en 2015 tiene poco margen de subida comparado con otro en donde la participación sólo hubieran sido del 10% en 2015. El ajuste asegura que la comparación se realiza entre municipios con una participación similar en 2015.

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