Amazon y la sanidad: ¿romper el tablero o sumar un fracaso?

Periódicamente aparece la noticia de que alguna gran empresa con abundantes beneficios anuncia su entrada en el mercado de la salud por medio de la compra de alguna empresa de dicho sector. Ocurrió con Google hace tiempo, con Microsoft y muy recientemente ha ocurrido con Amazon.

Hace unas semanas Amazon anunció que, conjuntamente con JPMorgan Chase y Berkshire Hathaway, crearían una empresa sanitaria con el objetivo de prestar servicios de salud a sus empleados (que suman, entre las tres empresas, en torno a un millón de personas) para poder disminuir el gasto del aseguramiento sanitario en el que incurre la empresa con sus empleados. La entrada en el mercado sanitario no se realiza, como viene siendo costumbre, absorbiendo una empresa del sector, sino que pretenden crear una empresa desde cero y dirigirla a un cliente interno: las personas que trabajan en dichas empresas.

Surgen muchas preguntas acerca de qué efecto podría tener la entrada de Amazon en el sector sanitario, pero principalmente podríamos destacar tres de ellas: ¿puede Amazon transformar la provisión sanitaria de la misma manera que transformó la venta de libros -y de todo lo demás-? ¿qué aspectos positivos podría aportar Amazon a la sanidad estadounidense y si alguno de esos aspectos sería extrapolable a otro tipo de sistema sanitario? ¿qué ha de ser temido de esta iniciativa empresarial?

Lo esperable de Amazon sería la entrada en la distribución farmacéutica (como se comentaba en el blog “Salud con cosas” hace unos meses), sin embargo la apuesta actual parece ir más allá, adentrándose en un sector en el que carece por completo de experiencia. Existen dos aspectos que no parecen muy claros acerca de esta incursión en el mercado sanitario. Por un lado, la pretendida bajada de gasto sanitario podría llegar no solo mediante la exclusión de prestaciones de bajo valor añadido y la eliminación del considerado “gasto inútil” (calculado en más de un 20% del gasto sanitario total según Berwick en JAMA hace unos años) sino también por la vía de la disminución de los salarios de los trabajadores sanitarios -como parecía señalar Bloomberg recientemente-, de forma similar a la que han experimentado las personas que trabajan en empresas de almacenamiento y distribución en aquellas zonas donde Amazon ha puesto un almacén. Disminuir costes por medio de la bajada del número de intermediarios, la disminución de la complejidad administrativa y el aumento de la eficiencia en la realización de procedimientos diagnósticos y terapéuticos parece ser un objetivo con un techo de ahorro bastante bajo y un horizonte bastante lejano, de modo que es probable que en el corto plazo fuera más sencillo lograr esa disminución en el gasto actuando sobre el número de profesionales sanitarios y sus salarios.

Por otro lado, uno de los centros de atención de esta operación se encuentra en uno de los principales bienes de los servicios sanitarios: el manejo de la información clínica. La entrada en el sector de la provisión sanitaria puede suponer el acceso a grandes cantidades de datos que transformar en información valiosa que pueda ser convertida en oportunidades de negocio. Además, siempre queda la duda acerca de la idoneidad (para el trabajador) de que su empleador directo sea el mismo que tenga acceso a los datos relacionados con su salud.

A pesar de esta creencia, los altos costes en la sanidad estadounidense están incentivando la formación de nuevas formas de proveer servicios y tecnologías sanitarias,

Los elevados costes de la sanidad estadounidense son un incentivo para que las empresas con músculo económico suficiente traten de internalizarlo, como muestra el reciente anuncio de un grupo de hospitales estadounidenses de crear una empresa farmacéutica sin ánimo de lucro que se encargue de fabricar medicamentos genéricos para poder ser utilizados en los hospitales vinculados a dicha empresa farmacéutica;  sin embargo, la prestación sanitaria dista mucho de ser una actividad en la que sea suficiente tener dinero para poder desempeñarla exitosamente, de modo que para disminuir los costes es probable que fuera más efectivo (aunque tal vez jurídicamente más complejo) abordar alguno de los otros factores de incremento del gasto como son la introducción de nuevas tecnologías que apenas aportan valor añadido o el incremento de los precios nuevos medicamentos que a pesar de ser coste-efectivos ponen el riesgo la estabilidad del sistema sanitario por su elevado impacto presupuestario, además de, en el caso estadounidense, el modelo de aseguramiento que es claramente ineficiente y tendente al incremento ilimitado del gasto sanitario, además de inequitativo.

Hay voces que señalan que el mayor aporte que Amazon puede hacer a la sanidad estadounidense es el de introducir innovaciones disruptivas en los modelos de gestión y provisión, sin embargo, y dada la relativa aversión del sector sanitario a las innovaciones que sí suelen funcionar en otros sectores, es probable que el mayor aporte que pueda realizar el movimiento empresarial de Amazon esté relacionado con su capacidad de generar una estructura alternativa al actual modelo de aseguramiento, yendo mucho más más allá de la manera en la que decidan proveer servicios de salud. En un país en el que los limitados éxitos del Obamacare (limitados, además, por la dificultad de instaurar cambios permanentes e independientes del ciclo político en un par de legislaturas) han dejado claro que resulta complicado, en el corto plazo, ganarle la batalla al sistema que gobiernan las aseguradoras, plantear un modelo en el que haya empresas que se salgan de esa rueda de hámster que supone el actual modelo de aseguramiento resulta, cuanto menos, interesante.

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