Actitud de la ciudadanía europea ante el alud de refugiados

La Unión Europea, los gobiernos de los estados miembros y en general, la ciudadanía europea, en relación a las oleadas de refugiados, nos enfrentamos ante una muy difícil encrucijada y ante un complejo posicionamiento personal y colectivo, que nos cuesta de resolver.

Por una parte, todos estamos muy sensibilizados y conmocionados frente al diario drama humano de quienes llegan perseguidos; y más aún por los ahogados en la travesía del Mediterráneo. Dolor que se agudiza cuando vemos, en los medios de comunicación, la muerte de niños, que intentan llegar a la ‘tierra prometida’ que es Europa; o la desaparición de miles de ellos perdidos por Europa o en manos de las mafias . Nuestros principios, valores y la asumida protección de los derechos humanos nos obliga a tener este sentimiento y rechazo .

En segundo lugar consideramos- como europeos- que nosotros no tenemos ninguna culpa de las guerras y dictaduras en Siria, Libia, Irak o Afganistán. ¿Si no somos culpables porque hemos de asumir las consecuencias que hacen peligrar nuestro Estado del bienestar o ‘Welfare’?¿Estamos dispuestos a rebajar nuestro status de situación privilegiada obtenida tras muchos años de lucha y esfuerzo?

En tercer lugar nos cuesta, y no por nuestra culpa, asumir la convivencia pacífica con personas –venidas como inmigrantes o refugiados– con valores, hábitos, religión, costumbres muy distintas a las nuestras. En especial, cuando además no respetan los principios, libertades y valores fundamentales de nuestra convivencia ciudadana esencial como pueden la  igualdad de géneros y de trato.

Y en último extremo, toda Europa está inmersa en el miedo al terrorismo yihadista, miedo a la intolerancia y a la inseguridad que una llegada masiva de más de 2.000.000 de personas(por ahora..) causa y causará en nuestra vida cotidiana , además y de forma importantísima en nuestra economía Estatal y europeo  comunitaria.

Conjugar todo ello nos conduce, inexorablemente, a posiciones xenófobas y racistas voluntarias o involuntarias, expresas o tácitas, individuales o colectivas. Rasgos de todo ello son levantar muros o vallas en las fronteras interiores europeas; confiscar  bienes y alhajas de los refugiados para sufragar las ayudas y gastoso señalar sus casas. O simplemente, votar a los partidos políticos que hacen gala de este racismo y xenofobia como señal de identidad. Da votos i rédito político.

En  Europa , a la vista de este panorama, estoy detectando dos nuevos sentimientos:

· ‘Compassion fatigue’ o fatiga en la práctica de la solidaridad, cooperación y defensa de los derechos humanos.

· Convicción de que se trata de “una Inversión sin retorno”. Sentimiento mercantilista y economicista que la inversión en paliar los desastres que acaecen a diario dentro y fuera del espacio Schengen , no nos son provechosas o son directamente pérdidas sin generar valor añadido.

Cualquiera de estos sentimientos o actitudes nos conducen a practicar una política en y de la Unión, sus Instituciones y los Estados miembros, que pueden poner en peligro y socavar las bases y valores que hemos conseguido proclamar, asumir y garantizar en la Unión Europea y que han configurado un espacio de libertad, seguridad y justicia.

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