A vueltas con las reglas para crear grupos parlamentarios

La Legislatura de las Cortes que se inicia, sea breve o larga, va resultar interesante por muchos motivos. La propia sesión constitutiva de las Cámaras ya ha dado arsenal para debates sociológicos, políticos, jurídicos e incluso para rellenar páginas de prensa rosa. Entre esos debates hay uno bastante intenso sobre el tema de las reglas para la constitución de los grupos parlamentarios (GP, desde ahora). En si mismo resulta llamativo, ya que durante bastante tiempo el Derecho parlamentario no se ha encontrado entre las disciplinas de mayor interés para los cultivadores del Derecho público. Pero de repente asistimos a enconadas discusiones en televisiones, radios, bares y mercados sobre si el Reglamento del Congreso permite o no formar cuatro grupos a una concreta fuerza política o si supone un atentado para la democracia perder como consecuencia de un pacto entre fuerzas políticas el puesto de Cuarto Secretario en el Senado.

Entre asombrado y agradecido por tanta atención, y un poco complemento a las dos magníficas entradas realizadas sobre el tema por Esteban Greciet y Miguel Presno, intentaré introducir un par de ideas en el tema de la constitución de los GPs.

La constitución continúa siendo uno de los grandes problemas al inicio de cada Legislatura porque desde la perspectiva de los Parlamentos contemporáneos el ser o no ser algo en la vida de la Cámara depende para una fuerza electoral bastante de que logre formar GP. Por ello, las normas sobre la constitución de los GPs se sostienen sobre un delicado equilibrio en cuanto a sus objetivos. Deben evitar la fragmentación de la Cámara, sin expulsar a minorías relevantes del procedimiento parlamentario, y deben racionalizar la vida parlamentaria, sin perjudicar la participación política. Para ello, y esto debe quedar claro, el Congreso de los Diputados y el Senado han adoptado reglas diferentes, que deben valorarse por separado y conforme a principios propios.

Por comenzar con el debate más reciente, el Senado sólo permite crear GPs conforme a un criterio numérico. Para constituir un GP hace falta concurrencia de 10 senadores y que durante la legislatura no se reduzcan por debajo de los 6 integrantes. Para el Reglamento la adscripción partidista de los 10 senadores que crean el grupo, aunque parezca sorprendente, sólo es parcialmente relevante, pues sólo impide que los Senadores que hayan concurrido a las elecciones formando parte de un mismo partido, federación, coalición o agrupación formen más de un GP. El que sólo en ese momento inicial se exija la concurrencia de 10 y el que después baste con demostrar al principio de cada periodo de sesiones que se cuenta con al menos 6, ha provocado el trasiego de senadores de GPs con parlamentarios “de sobra” a otros que no alcanzaban el mínimo. La rigidez de la norma, unido al sistema electoral, ha provocado que apenas tres fuerzas consigan por sí mismas superar la barrera de la decena de escaños para crear GP –a día de hoy supone el contar con el 3,75 % de los senadores−. Sin valorar las intenciones de los grupos prestamistas y de los prestatarios más allá de permitir la creación de un GP y facilitar su continuidad, ambos proceden a corregir una norma históricamente ineficiente, pero resulta arriesgado afirmar que contradigan el Reglamento o cometan fraude de ley.

En cuanto al Congreso de los Diputados, como resulta conocido a estas alturas, la regla es distinta. Existe una primera posibilidad de constituir un GP con tan sólo 15 diputados −contar al menos con el 4,25% de escaños−, o bien,  una posibilidad alternativa, contando con 5 diputados de una o varias fuerzas electorales – el 1,4% de escaños−, y con un porcentaje de votos, el 5% a nivel nacional o el 15% correspondiente a las circunscripciones en las que se hubiese presentado candidatura. A esa regla se unían una prohibición, no pueden formar GP “separado los Diputados que, al tiempo de las elecciones, pertenecieran a formaciones políticas que no se hayan enfrentado ante el electorado”, y la condición de conservar al menos la mitad de los diputados exigidos para la constitución.

Primera advertencia, lo mismo que no todo elector se convierte legalmente en candidato, en nuestro ordenamiento no toda fuerza electoral se convierte automáticamente en GP. El acto de constitución es un acto reglado, que sólo se verifica cuando se cumplen las condiciones reglamentarias. Por ello, a las consultas regias para la propuesta de candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno va un representante por cada grupo político con representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados, ya que lo exige la Constitución y aún no se han creado los grupos parlamentarios.

Segunda, la condición numérica no ha dado especiales problemas para la constitución de los GPs. Los problemas han procedido del criterio usado para el cómputo del porcentaje de votos, pues no siempre se ha aplicado con igual laxitud o rigidez; como bien saben IU y AMAIUR.

Tercera, la cláusula antifraccionamiento, discutida a día de hoy, no ha planteado conflictos desde la Tercera Legislatura, en la que impidió a los tres partidos de la Coalición Popular formar grupos independientes, y se ha aplicado siempre en el mismo sentido.

Las reglas reglamentarias y los precedentes son relativamente claros. Cualquier otra solución requeriría una reforma normativa. Por lo tanto, he aquí un elemento más para un pacto de gobierno.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.