“A quien me pida ‘mermelada’, lo saco de mi despacho y lo denuncio”

Agenda Pública entrevista a Humberto de la la Calle, uno de los candidatos a la Presidencia de Colombia en las elecciones del próximo 27 de mayo. Es abogado y magistrado de la Corte de Justicia y ha sido ministro, presidencial (sustituto del presidente de la República en caso de imposibilidad, temporal o permanente, de éste) y vicepresidente de la República. Su último servicio al país fue el de Jefe del Equipo Negociador gubernamental en las negociaciones del proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), que culminaron en 2016 con un acuerdo entre las partes. Las encuestas, todo hay que decirlo, no le son nada propicias.

Pregunta.- ¿Por qué se presenta a la Presidencia de la República?

Respuesta.- Colombia atraviesa un momento crítico, quizás el más importante en su historia reciente. Después de lograr poner fin a un conflicto de 50 años con la guerrilla más antigua del hemisferio, nos encontramos ante la oportunidad de salir adelante fortalecidos en nuestra democracia, con el reto enorme de sentar las bases para una paz duradera y sostenible. Esto implica la necesidad de reactivar la economía, modernizar el Estado, combatir la tremenda desigualdad y la corrupción que nos aqueja y garantizar la seguridad de los colombianos. Son retos muy difíciles de asumir como presidente, pero tengo larga experiencia y una trayectoria demostrada para lograr lo que muchos creían imposible. Sacar adelante una Constitución en medio de una debacle económica y política fue un triunfo por el que siento un particular orgullo y satisfacción.

La Constitución vigente, de 1991, significó el primer gran paso hacia la modernización de Colombia pues logró, entre otras cosas, el reconocimiento de la diversidad colombiana como fuente de riqueza, las libertades individuales, el respeto por las minorías y la separación entre Iglesia y Estado. La gran oposición a las negociaciones de paz que se llevaron a cabo en La Habana, y el posterior Acuerdo Final firmado con las Farc, llevó a que el voto de rechazo triunfara en un plebiscito que se llevó a cabo justo después de la firma del acuerdo. El no ganó con un poco más de 50.000 votos, de un total de más de seis millones, con una abstención que rondó el 65% de la población. A pesar de que hubo largas sesiones dedicadas a negociar las modificaciones demandadas por la oposición, de las que incorporamos la gran mayoría, el rechazo a los acuerdos ha supuesto una plataforma política inigualable para la derecha, encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe, para apelar al descontento de la población que votó por el no, pero que además está hastiada, junto con los demás colombianos, de la corrupción y de la clase política. El candidato del partido de Uribe, un senador novato de 41 años llamado Iván Duque, ha anunciado modificaciones al Acuerdo Final que, aunque las minimizan, van a la médula de lo acordado. Hace un poco más de un año hablaron de “hacerlo trizas”.

El afán de ver que una derecha envalentonada puede arrasar los logros alcanzados con el fin de un conflicto de cinco décadas; la necesidad de acabar con la corrupción mediante el endurecimiento de las penas y el ejemplo que daré desde el despacho presidencial para poner fin a la politiquería y el clientelismo; y la enorme necesidad de solucionar el problema de inequidad son todos factores que me llevaron a lanzar mi candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Liberal.

P.- ¿Cuál es su propuesta para fortalecer la economía colombiana? ¿Cuáles serán los ejes prioritarios para el crecimiento económico?

R.- El fin del conflicto nos abre gran cantidad de posibilidades. Con eso en mente, hemos definido cinco grandes propulsores de la economía colombiana: el aprovechamiento las oportunidades que brinda la paz, el aumento de la competitividad, la nueva revolución del turismo, el aprovechamiento de nuestro potencial agrícola y el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas.

Para lograr un crecimiento sostenido hemos propuesto dos estrategias: medidas de choque y reformas estructurales para mejorar la competitividad y evitar la dependencia de las materias primas.

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Nuestro plan de choque incluirá la generación de empleo en obras públicas y el desarrollo de megaproyectos en regiones e industrias estratégicas, como en su momento hizo Roosevelt en Estados Unidos. Vincularemos grandes inversiones a megaproyectos estratégicamente seleccionados que, en alianza con el sector privado, permitan el nacimiento de empresas o iniciativas altamente productivas, que demanden grandes cantidades de trabajadores. Esperamos que esto nos permita volver, a corto plazo, a un crecimiento cercano al 4%.

La apuesta por mejorar la competitividad y la productividad empezará por modernizar el Estado y hacerlo mucho más eficiente. Es necesario crear un Estado moderno, que tenga información del impacto real que tienen sus inversiones. La consolidación de las bases de datos a nivel nacional es fundamental para lograr este objetivo. Al mismo tiempo, esto aliviará la carga que hoy asumen los ciudadanos y las empresas cuando de hacer trámites se trata.

Esta modernización irá acompañada de una reforma al sistema tributario para que sea más simple, progresivo y eficiente. También trabajaremos en mejorar las infraestructuras del país, sobre todo las que nos permitan mejorar la conectividad de las zonas rurales que están más alejados.

Además, haremos una gran apuesta por fortalecer la Educación en todos sus niveles, para asegurarnos de que los jóvenes colombianos adquieran las habilidades que requieren para desempeñarse con éxito en el mundo laboral o para emprender sus propios negocios. Además, haremos de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación una prioridad, buscando articular la empresa, el Gobierno y la Academia para resolver los grandes retos económicos y sociales del país.

P.- Una de sus propuestas bandera es la de “nivelar la cancha”. ¿Cómo propone reducir la desigualdad?

R.- Ahora que hemos puesto fin al conflicto, debemos concentrarnos en resolver aquellos asuntos a los que no habíamos podido dedicar tanta atención. Aunque el país ha logrado avances importantes en la reducción de la pobreza, Colombia sigue ganándose podios vergonzosos en desigualdad. Seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo tanto en concentración de ingresos como de tierra. Eso es inadmisible. Por eso he hablado tanto de la necesidad de nivelar la cancha para todos los colombianos y construir un país donde quepamos todos.

Para cerrar estas brechas, lo primero que debemos hacer es dinamizar la economía. Esto nos permitirá generar crecimiento económico y empleo. Pero no se trata sólo de tener más recursos, sino de asignarlos de mejor manera. Cambiaremos la forma en la que se adjudica el Presupuesto, de tal forma que los más pobres estén a la cabeza de las prioridades y no los últimos de la fila. Revisaremos el esquema de subsidios para convertirlo en uno realmente eficiente, segmentado por áreas geográficas y grupos poblacionales. Estos programas saldrán del esquema asistencialista para enfocarse en la generación de oportunidades para que los más pobres cuenten con las competencias y herramientas necesarias para generar sus propios ingresos y sean dueños de su destino.

Una de mis prioridades serán los jóvenes. Menciono sólo dos de mis programas que buscan cerrar brechas para esta población. El primero son las Brigadas Sociales, un programa de servicio social remunerado que reemplazará al servicio militar. Permitirá que los jóvenes tengan una primera experiencia de empleo a la vez que generan un impacto social en una región diferente a la suya. El segundo son los Centros Parche, espacios que brindarán servicios de asesoramiento, capacitación laboral, esparcimiento e intercambio cultural.

P.- ¿Cómo está la economía colombiana en comparación con los países de la Alianza Pacífico y, en general, con los países latinoamericanos? ¿Cómo ve las alianzas económicas con países de la región?

R.- La economía colombiana creció 1,8% en 2017, muy cerca del 2% de México. Este crecimiento fue superior al de Chile e inferior al de Perú. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, Chile y Perú crecerán en 2018 de forma más acelerada que México y Colombia. Es importante mencionar que el crecimiento proyectado es superior al de 2017 para los cuatro países, lo cual resulta alentador. En términos generales, la economía latinoamericana se está recuperando después de dos años difíciles. Argentina y Brasil parecen estar saliendo de la recesión y países como Bolivia y Paraguay están creciendo por encima del 4%. Esto es una buena noticia, pero no debemos dormirnos en los laureles, pues persisten los retos y los desafíos.

La región debe consolidarse como un bloque económico relevante y las alianzas económicas y comerciales son fundamentales. Para Colombia, es muy importante seguir fortaleciendo la Alianza del Pacífico con México, Perú y Chile, para consolidarla como el bloque económico fuerte de América Latina. Sin embargo, es preocupante que la Alianza quiera buscar la integración con asociados como Singapur, Nueva Zelanda, Canadá y Australia bajo nuevas reglas que desprotejan nuestra industria. Debemos revisar estas nuevas integraciones con cuidado. En la medida en que la Alianza se fortalezca y sea reconocida como un núcleo fuerte, tendrá mayores probabilidades de obtener mejores tratados.

Además, debemos pensar en una articulación con Mercosur, para lograr una verdadera integración latinoamericana.

P.- ¿Cómo fueron las negociaciones que concluyeron con el Acuerdo de Paz? ¿Cree que existe algún riesgo real en este momento?

R.- El proceso de negociación fue extraordinariamente complejo. En los primeros meses, sobre todo, los avances fueron mínimos. Las soluciones que los delegados de las Farc proponían eran diametralmente opuestas a las que considerábamos más apropiadas. Sostener el diálogo en esas circunstancias era muy difícil y el nivel de frustración, muy alto. Esto cambió cuando les propuse que dejáramos de enfocarnos en las soluciones a los problemas que discutíamos y tratáramos, más bien, de buscar explicaciones a esos problemas. Fue identificando las causas como encontramos puntos de consenso. Esto no significa que haya sido fácil, pero con mucha disciplina y mucho trabajo logramos el acuerdo.

Es evidente que existe un gran riesgo en este momento. La implementación de lo acordado ha sido muy lenta, y la gente siente que no se avanza. Y el oportunismo político aprovecha este sentimiento. No importa si la expresión es hacer trizas el Acuerdo o introducir cambios sustanciales. La idea detrás es la misma: no cumplir con lo pactado y volver al pasado. Este momento es crítico: o decidimos cumplirlo y avanzar, o lo dejamos en un papel y volvemos al pasado.

P.- ¿Cuáles son los principales problemas de Colombia?

R.- Lo más importante es garantizar la aplicación del Acuerdo de Paz. Lo repito, no podemos volver al pasado.

Luego, es manifiestamente urgente reactivar la economía y reconstruir la institucionalidad. Un crecimiento económico del 2% no es suficiente para afrontar los inmensos problemas sociales que tiene el país. Sin crecimiento no es posible avanzar. Para eso son los megaproyectos y la apuesta por la competitividad que he mecionado. Sólo así podremos recuperar el alto ritmo de crecimiento de los últimos 15 años sin exponernos a las variaciones en los precios de las materias primas.

En tercer lugar, está el problema de la corrupción. Los colombianos no la soportamos más. Es necesario atacar las estructuras que promueven el clientelismo y acabar con la cultura de intercambiar recursos por apoyos legislativos. Para esto, los altos cargos deben dar ejemplo. Por eso he dicho: a quien me pida mermelada, lo saco de mi despacho y lo denuncio públicamente. Necesitamos un Gobierno que dé ejemplo de transparencia y que cambie la cultura que se ha impuesto en los escenarios políticos colombianos. No podremos recuperar la confianza si no llevamos a cabo una profunda reforma a la Justicia, que elimine las facultades electorales de los jueces y les permita concentrarse en resolver procesos. Reducir la impunidad tiene el doble beneficio de disuadir a los corruptos y aumentar la confianza de la ciudadanía.

Por último, uno de los problemas más profundos del país es la desigualdad. Ocupamos el vergonzoso puesto de ser el país más desigual de América Latina, junto con Haití y con Honduras. No es posible avanzar como sociedad si no afrontas esto. Existe una Colombia rural que no ha visto en los últimos años los beneficios del desarrollo de las ciudades. Es necesario que nos concentremos en el desarrollo del campo. Tenemos el potencial para ser una despensa mundial y lo estamos desperdiciando por la incapacidad del Estado de llevar instituciones al campo. Ha llegado el momento de resolver el problema de la tierra, formalizando la propiedad de los pequeños productores, restituyendo las tierras despojadas e impulsando una agenda productiva rural que nos permita consolidar una verdadera clase media en el campo.

P.- ¿Qué Colombia le gustaría dejar cuando finalizara su etapa al frente de la República?

R.- Sueño con dejar una Colombia reconciliada, que haya pasado la página del odio y la venganza, y que haya reconocido y compensado a sus víctimas; en el que la consolidación de la paz se materialice gracias a una economía pujante, impulsada por el emprendimiento, la innovación, el agro y el turismo; con unos indicadores de educación y salud del nivel de un país desarrollado y al alcance de todos, independientemente del nivel de ingresos de una familia; con niveles de empleo superiores al promedio de América Latina.

Sueño con un campo colombiano en paz y produciendo alimentos para el resto del mundo. Sobre todo, con un país donde la violencia y la desigualdad sea cosa del pasado, en el que la Justicia funcione y los castigos se cumplan. Quiero dejar un Estado moderno y eficiente, que esté al servicio de los ciudadanos y goce de total transparencia; libre de corruptos, en el que prevalezca la cultura del no todo vale. Sueño con una Colombia en la que los jóvenes puedan lograr el pleno desarrollo de sus talentos y contribuyan al desarrollo del país, y donde los niños puedan jugar tranquilos en las calles y en los campos. Sueño, en fin, con dejar un país donde quepamos todos y convivamos en paz.

 

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