6 años, 5 primeros ministros y 3 rescates

6 años, 5 primeros ministros y 3 rescates después del desencadenamiento de la crisis de deuda griega en 2009 la UE y Grecia han entrado en un ciclo sin salida. El esquema de este ciclo empieza con cada nuevo Gobierno griego solicitando un rescate y un alivio de la deuda, la UE exigiendo nuevas medidas de austeridad en contrapartida a las cuales queda condicionado cualquier debate sobre una deuda que no deja de crecer. Para algunos este ciclo es una trampa de la deuda mientras que otros piensan que confirma la incapacidad de Grecia de acometer reformas.

En todo caso las especificidades de la última negociación confirman que este esquema se ha convertido en una rutina. El actual Gobierno griego había prometido seguir dentro del euro, tal y como desean 4 de cada 5 griegos, pero rechazaba la austeridad. Sin embargo estas dos promesas electorales de Tsipras sólo eran realizables mediante la cooperación del resto de gobiernos de la eurozona que debían aceptar seguir financiando a Grecia en euros – puesto que el país sigue sin acceso a los mercados – pero sin las contrapartidas en forma de recortes que se han aplicado hasta ahora. Y como sabemos tras 20 días de máxima tensión la eurozona ha decidido no cooperar para que las promesas de Tsipras sean aplicables y ha exigido duras condiciones de austeridad y de supervisión a cambio de un nuevo rescate. La única alternativa que ofreció la zona euro fue la salida de Grecia del euro para financiarse con su propia moneda. Tras el corralito bancario esta alternativa ha sido más creíble que nunca y ante la credibilidad de la amenaza Tsipras tendrá que aplicar una política en la que no cree. La preferencia de por los griegos de acabar con o moderar la austeridad no se traducirá en una política pública.

El escenario parece desmentir la predicción de Christopher Bickerton – excelente crítica de Cristina Ares al respecto en Agenda Pública esta semana – : no se trata de que los Estados usen la UE para evitar el debate sobre políticas impopulares, sino que los miembros de la zona euro habrían sido capaces de modificar las preferencias centrales del gobierno de un Estado miembro.. Aunque se pueda argumentar que las preferencias de los griegos eran ambiguas – la pregunta del referéndum hacía referencia a una serie de documentos técnicos que ya no estaban sobre la mesa – o poco realistas no deja de ser una demostración de la irrelevancia creciente de la soberanía nacional. Pero por otra parte también hubiera resultado problemático desde el punto de vista democrático que el nuevo gobierno griego hubiera impuesto su mandato legítimo a otros 18 gobiernos que tienen que responder ante electorados entre los que ha ido calando la idea de que Grecia nunca aplicará las reformas que se le exigen. Conviene recordar que para el gobierno finlandés, eslovaco e incluso alemán ayudar a Grecia, aun a cambio de duras contrapartidas, es una política impopular. Por lo tanto la crisis griega pone en cuestión la tesis de Bickerton, en la mediad que confirma que los debates políticos nacionales en una serie de asuntos fundamentales no pueden aislarse de los europeos a riesgo de ver cómo se cumple el escenario de “impotencia democrática“.

Como decía recientemente aquí Miguel Otero Europa no puede seguir así. A pesar de las reformas de los últimos años – nuevo tratado incluido – la UE tiene un serio problema de gobernanza Por una parte la última crisis griega confirma que la vía nacional no sirve para cambiar Europa: las promesas fundamentales de un gobierno a su electorado han resultado irrelevantes para el eurogrupo. Pero por otra parte la UE apenas ha avanzado en dirección a una unión fiscal y política y por lo tanto las elites políticas y los ciudadanos no tienen herramientas para cambiar de políticas a escala europea. Se ha creado un sistema monetario común casi federal en torno al BCE pero con una dimensión política más parecida a una junta de accionistas donde la capacidad de influencia de los miembros se asocia con su estatus económico. Los gobiernos de la zona euro se siguen tratando como deudores y acreedores en lugar de como partes de una zona monetaria no óptima que intente mejorar la coordinación de sus economías. En este sentido los planes de rescate nunca se han concebido como transferencias fiscales de solidaridad sino como préstamos entre Estados que siguen desconfiando mutuamente. Y en este contexto los acreedores están en situación de ventaja al tener mayor capacidad de presión: si ellos no cooperan los deudores se pueden encontrar ante el mismo dilema que Alexis Tsipras.

En la entrevista solemne con ocasión de la fiesta nacional francesa del 14 de julio François Hollande propuso de forma bastante confusa avanzar en la línea de definir instituciones para una unión política en torno al euro. La posible renegociación de los tratados para tratar de evitar la salida del Reino Unido de la UE abre una oportunidad institucional para abordar este debate, pero la dureza de las posiciones de algunos Estados en la última crisis confirman que además de una situación que genera ganadores y perdedores estamos en pleno choque de democracias.

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