2018 ¿quién está al volante?

Hace un año, en estas mismas páginas, dije que 2017 sería un año de curvas y lleno de conductores temerarios. En 2018 nos habremos acostumbrado a este ritmo de conducción pero a veces tendremos la sensación que no hay nadie en el asiento delantero o que varios conductores se pelean por tomar el volante.

Ahora ya sabemos qué implica el “efecto Trump”. Su estilo de conducción es el de un liderazgo que se mueve a golpe de tuit, que abre crisis innecesarias como la Jerusalén y que se retirada de marcos multilaterales como el acuerdo contra el cambio climático o UNESCO. Las reglas son para otros y le gusta provocar. Estados Unidos está dejando un vacío y hay quien se predisponen a llenarlo. Xi, el renovado mandatario chino, se proyecta como el defensor del libre comercio, la globalización y el orden liberal. Macron también recupera espacio, liderando la lucha global contra el cambio climático y desplegando una política ambiciosa en África y Oriente Medio.

Pero, atención, si Estados Unidos percibe que hay quien quiere apartarlo del volante, se agarrará a él utilizando aquello sobre lo que todavía nadie puede cuestionarlo. Su primacía en lo militar es indiscutida y en 2018 tendremos que estar atentos a Corea – Kim Jong-un seguirá provocando – y a Oriente Medio – dónde los aliados de Estados Unidos reclamarán su ayuda para frenar la emergencia de Irán.

¿Y en Europa? Llevamos diez años esquivando baches. En 2018 hará diez años de la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers. Fue el detonante de una crisis financiera de alcance global que se cebó con especial intensidad en los países de la periferia europea y puso en peligro la unión monetaria. Una de las buenas noticias de 2018 puede ser que esta crisis empiece a darse por cerrada. Sea quien sea que esté al volante puede tener ante si una recta por primera vez en mucho tiempo. Esperemos que no haya desprendimientos.

Las condiciones meteorológicas no mejorarán. Fuertes vientos nos obligarán a agarrar bien el volante. Se trata de una rápida e imparable transformación tecnológica, en forma de digitalización y robotización, que tensiona el mundo laboral y los estados del bienestar. En 2018 discutiremos cómo asegurar su sostenibilidad y nos indignaremos con la ingeniería fiscal empleada por muchas corporaciones y algunos individuos. Veremos si hay líderes políticos o instituciones dispuestos a librar esta batalla.

Habrá partes del paisaje desoladoras y muchos pasajeros que preferirán mirar hacia otro lado. Se trata de las crisis humanitarias. Algunas ya nos son familiares: la persecución de los Rohingyas en Myanmar, los africanos traficados en Libia o la hambruna en Yemen. En 2018 Naciones Unidas prevé que 135 millones de personas requerirán ayuda humanitaria. Tendremos que estar atentos a la evolución de Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, dos países con crisis humanitarias que raramente salen en los medios de comunicación y donde este año hay elecciones.

Las elecciones son encrucijadas en las que el conductor tiene que escoger qué camino tomar. Casi todos los grandes países del continente americano tendrán cita con las urnas. Estados Unidos con las mid-term elections y también México, Brasil y Colombia votarán en un clima de gran polarización. En Europa las elecciones más decisivas serán las de Italia: su economía lleva dos décadas estancada, sus ciudadanos son cada vez más críticos con la Unión Europa y prosigue la crisis migratoria. 

En otras partes del mundo habrá elecciones sin elección. En el mapa están dibujados varios caminos pero en la práctica sólo uno sigue abierto. Nadie duda que Vladímir Putin vaya a ganar las elecciones rusas de marzo o que Al-Sisi sea revalidado como presidente egipcio este año. Nicolás Maduro también aprendió la lección de las parlamentarias y no se arriesgará a perder las presidenciales de Venezuela. 

Esta metáfora sobre quien está volante refleja lo que le está sucediendo al orden internacional. Hay quien habla de un nuevo orden. Esto vendría a ser el equivalente a los coches autotripulados, una forma completamente nueva de conducir, con nuevas reglas. Hay quien habla de un orden cuestionado. Aquí no hay nuevas normas sino cada vez más gente que se las salta. Hay, por último, quien habla de un cambio en la propiedad del orden. En este caso la competición no es por cambiar el código de circulación, sino por ponerse al volante. Lo que está claro es que para conducir en 2018 habrá que tener buenos reflejos.

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