2017: año de curvas en la política internacional

La agenda internacional promete emociones fuertes para el año 2017. Vienen curvas, como suele decirse. Y es que empezamos el año como quien emprende una carretera sinuosa y en mal estado, llena de conductores temerarios, coches averiados y riesgo de desprendimientos. Y, además, el GPS ha dejado de funcionar. Quizá lleguemos ilesos, quizá se produzca un choque múltiple.

De entre todos los conductores el que da más miedo es Donald Trump. No porque sea el más alocado, sino porque tiene el coche de mayor potencia. Quien busque dónde agarrarse puede pensar que el pragmatismo económico le impedirá dar marcha atrás con relación a Cuba o el acuerdo nuclear con Irán. O que la lucha contra el calentamiento global ya no depende solo de él. Y que son muchos los que en Washington pondrán algo de sentido común e intentarán frenar sus maniobras más peligrosas.

Pero es inevitable preguntarse cómo puede reaccionar Trump ante posibles desprendimientos. ¿Con un volantazo? Si Estados Unidos sufre un gran atentado, ¿va a cumplir sus promesas de impedir la entrada de musulmanes? ¿Se lanzará a una nueva aventura militar en Oriente Medio? Además, es probable que otros conductores intenten provocarlo. Sus aliados mas temerarios como el actual gobierno israelí pondrán a prueba su promesa de amistad. Sus rivales intentarán comprobar cuánto han cambiado las cosas. Y China intentará avanzar posiciones si Estados Unidos le deja el carril libre.

Algo no funciona en la UE

Por la carretera también circula un coche ‘vintage’, con encanto pero con claros problemas de motor y frenos. Este año cumple 60 años, es el nuestro y se llama Unión Europea. Que algo no funciona lo sabemos desde hace años, probablemente desde que en 2005 se perdieran los referéndums sobre la constitución europea en Francia y Países Bajos. Y precisamente estos dos países marcarán de nuevo el rumbo político del continente. Los holandeses votan en marzo y los franceses escogerán su presidente o presidenta el 7 de mayo. Meses después le tocará a Alemania, con una Merkel magullada pero dispuesta a seguir liderando. En estos tres comicios la incógnita es cuántos votantes optarán por candidatos de extrema derecha y si el resto construirá un cordón sanitario.

Aunque improbable, una victoria de Le Pen en Francia supondría un torpedo en la línea de flotación de la integración europea mucho más destructivo que el Brexit. Es la mejor muestra de cuán peligroso es el camino que tenemos por delante. Lo que sí sabemos es que, con independencia de los resultados, el ciclo electoral tendrá a Europa paralizada y la agenda política de Le Pen y sus homólogos permeará la de los políticos convencionales. Además, otros conductores tendrán la tentación de aprovecharse de la debilidad europea. Putin en Moscú no respetará la distancia de seguridad y Erdogan en Turquía continuará con sus maniobras intimidatorias.

Turbulencias en la economía

La peligrosidad de este año no solo radica en la temeridad de los pilotos. También en el mal estado del firme, especialmente en lo económico. Las turbulencias serán especialmente intensas en algunas economías emergentes, pendientes de la subida de tipos de interés de la reserva federal y de la revalorización del dólar. Para aquellas que estén atravesando una crisis política, como Brasil, las complicaciones pueden ser mayores. Para otros lo decisivo será si remontan finalmente los precios del petróleo, especialmente a las que se les agotan las reservas de efectivo.

Este año continuaremos hablando de víctimas. Algunos pueden albergar la ilusión de que la guerra en Siria llega a su fin y que Estado Islámico está derrotado. La violencia puede cambiar de naturaleza, foco, ritmo y protagonistas, pero no desaparecerá. Este año seguiremos escandalizándonos con el número de ahogados en el Mediterráneo, por la pésima situación de los desplazados internos y por la incapacidad para gestionar los flujos de refugiados con mayor inteligencia y humanidad. También nos sacudirán las imágenes de la emergencia humanitaria en Yemen, en Sudán del Sur o en el norte de Nigeria. Será un año de impotencia.

El año 2017 llega con pocas dosis de optimismo. Quien busque consuelo puede refugiarse pensando que las energías renovables son cada vez más competitivas, que a pesar de las dificultades el proceso de paz en Colombia va avanzando y que muchos de los riesgos que nos depara el 2017 pueden acabar sorteándose. De lo que no hay duda es que hay que agudizar reflejos, estar preparado para cualquier accidente y, sobre todo, abrocharse bien los cinturones.

Este artículo es el primero de una serie sobre prospectiva en política europea e internacional en colaboración con Cidob – Barcelona Centre for International Affairs.

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